Un lanzamisiles deja una nube de polvo marrón en el aire a medida que se dirige precipitadamente hacia la línea de fuego. Momentos después se escucha el conteo regresivo de un soldado, de cinco a “¡Fuego!” antes de que un cohete salga rugiendo por los aires.
Los estallidos y estruendos de ese tipo de ejercicios militares son tan constantes que los lugareños del cercano pueblo de Münster ya casi ni los notan.
Pero la vida aquí está a punto de volverse más ruidosa.
Las fuerzas armadas de Alemania, la Bundeswehr, recientemente recibieron vía libre para efectuar una enorme inversión después de que el Parlamento votara para que el gasto militar quede exento de las reglas estrictas sobre la deuda.
El general Carsten Breuer, el militar con mayor rango del país, comentó a la BBC que el incremento del presupuesto es urgentemente necesario porque -según sostiene- la agresión rusa no va a parar en Ucrania.
“Estamos amenazados por Rusia. Estamos amenazados por Putin. Debemos hacer lo que sea necesario para evitar eso”, expresa Breuer. Advierte que la OTAN debería prepararse para un posible ataque en un plazo de apenas cuatro años.
“No se trata de cuánto tiempo necesito, sino más de cuánto tiempo nos va a dar Putin para prepararnos”, dice tajantemente el jefe militar. “Y cuanto más pronto nos preparemos, mejor”.
El giro
La invasión a gran escala de Rusia a Ucrania ha cambiado la mentalidad en Alemania profundamente.
Durante décadas, la gente aquí ha sido criada en torno al rechazo del poderío militar, agudamente conscientes del historial de Alemania como el agresor de Europa.
“Nosotros iniciamos dos guerras mundiales. Aunque han pasado 80 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la idea de que Alemania debería mantenerse al margen de los conflictos todavía está muy metida en el ADN del pueblo”, explica Markus Ziener, experto que trabaja en la oficina en Berlín del centro de estudios German Marshall Fund.

Aún ahora, algunos mantienen cautela contra cualquier cosa que pueda interpretarse como militarismo, y las fuerzas armadas han sufrido una infrafinanciación crónica.
“Hay voces de cautela que preguntan: ‘¿Estamos siguiendo el camino correcto? ¿Nuestra percepción del riesgo es acertada?’”
Cuando se trata de Rusia, Alemania tiene una estrategia específica.
Mientras países como Polonia y los Estados bálticos advirtieron en contra de un acercamiento demasiado estrecho con Moscú -e incrementaron sus propios presupuestos de defensa- Berlín, bajo la excanciller Ángela Merkel, tuvo fe en las relaciones comerciales.
Alemania se imaginó que estaba proporcionando la democratización por osmosis. Pero Rusia tomó el dinero y, de todas maneras, invadió a Urania.
Así que, en febrero de 2022, un aturdido canciller Olaf Scholz declaró un giro nacional de prioridades, un “Zeitenwende” (punto de inflexión) lo llamó.
Ahí fue cuando adjudicó la gran suma de $108,000 millones para fortalecer las fuerzas armadas del país y mantener a “belicistas como Putin” bajo control. Pero el general Breuer afirma que eso no fue suficiente.
“Rellenamos los huecos un poquito”, cuenta. “Pero esto es realmente malo”.

En contraste, apunta a la intensa inversión de Rusia en armas y equipos, tanto para inventario como para el frente en Ucrania.
También resalta la guerra híbrida que Rusia conduce: desde los ataques cibernéticos hasta el sabotaje, así como los drones no identificados que sobrevuelan las instalaciones militares de Alemania.
A eso le añade la retórica agresiva de Vladimir Putin, que Breuer ve como “una combinación realmente peligrosa”.
“Al contrario que el mundo occidental, Rusia no piensa en casillas. No se trata de paz y de guerra, es un continuo: empecemos con lo híbrido, luego escalar, luego regresar. Esto es lo que me hace pensar que enfrentamos una amenaza verdadera”, afirma.
Sostiene que Alemania debe actuar rápido.

“Muy poco de todo”
La cruda evaluación que hace el jefe de defensa de sus fuerzas actuales concuerda con un reciente informe presentado al Parlamento. Este concluyó que la Bundeswehr tenía “muy poco de todo”.
La autora del informe, la comisionada de las Fuerzas Armadas Eva Högl, reveló carencias urgentes, desde municiones hasta soldados, incluyendo cuarteles en mal estado. Estimó que solamente para renovaciones se requiere de un presupuesto de unos US$72.000 millones.
Acabar con el límite de la deuda, permitiendo que las fuerzas militares se endeuden -en teoría, sin límite- dará acceso a un “flujo constante” de fondos para abordar eso, sostiene el general Breuer.
La medida histórica fue impulsada por Friedrich Merz, el esperado sucesor de Scholz, de manera tan acelerada que causó asombro. Presentó la propuesta al Parlamento poco antes de que fuera disuelto tras las elecciones de febrero.
La configuración del nuevo Parlamento, que incluye una izquierda antimilitarista y una extrema derecha que empatiza con Rusia, hubiera podido ser menos favorable.
Pero el “giro” que Alemania empezó en 2022 ganó nuevo impulso este año.

Un sondeo de YouGov reciente mostró que el 79% de los alemanes todavía considera a Vladimir Putin como “muy” o “bastante” peligroso para la paz y seguridad europeas.

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