Los húngaros tienen un dicho popular: “Visszanyal a fagyi”. Traducción: “El helado te devuelve la lamida”. En otras palabras, cuidado, porque lo que disfrutas devorando podría disfrutar devorándote a ti.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, lleva al menos dos décadas atacando asiduamente la visión liberal del mundo y transformando su país en lo que él mismo ha denominado en diversas ocasiones una “democracia iliberal” y una nación de “libertad cristiana”.
Mientras tanto, ha ganado admiradores en todo el mundo, entre ellos el vicepresidente estadounidense JD Vance y el primer ministro georgiano Irakli Kobakhidze. El presidente estadounidense Donald Trump ha descrito a Orbán como “una persona dura” e “inteligente”.
“Es uno de los hombres más respetados, lo llaman un hombre fuerte”, dijo Trump en septiembre de 2024.
De cara a las próximas elecciones húngaras de abril de 2026, la comunidad LGBTQ parece estar entre los objetivos de Orbán: su partido, Fidesz, aprobó una nueva ley que pretendía prohibir la celebración del Orgullo gay. Y, sin embargo, entre 100,000 y 200,000 personas participaron en la marcha el mes pasado (muchas más que las 35.000 del año pasado) en la capital húngara.
Pero al ver a las multitudes marchar por Budapest para celebrar el Orgullo gay, la libertad de expresión y el derecho de reunión, desafiando la prohibición, muchos se preguntan: ¿podría la visión liberal del mundo recuperar terreno en la nación europea
Y, en cierto modo, esa pregunta en sí misma es equivocada. El poder de Orbán se encuentra ahora amenazado, pero no de la forma —ni por parte de la gente— que uno podría esperar.
El verdadero desafío no proviene de la izquierda liberal, sino del centroderecha.

Un rival sorpresa
Peter Magyar, de 44 años y quien anteriormente formaba parte del círculo íntimo de Orbán, surgió como candidato sorpresa en febrero de 2024.
Esto ocurrió tras un escándalo que se produjo por la decisión de indultar a un hombre condenado por encubrir abusos sexuales a menores.
El escándalo provocó la renuncia de la presidenta Katalin Novak en directo por televisión. La ministra de Justicia, Judit Varga (exesposa de Magyar), también dimitió, y el escándalo supuso un duro golpe para la supuesta defensa de Orbán de los valores familiares tradicionales.
Magyar le concedió una larga entrevista a Partizan, el canal de YouTube más importante de la oposición, en la que denunció lo que calificó como nepotismo y corrupción del partido gobernante.

Robert Puzser, un activista de la oposición que encabeza una nueva iniciativa no partidista llamada Resistencia de los Ciudadanos, afirma que Magyar está actuando con cautela, en medio de los intentos de los miembros del Fidesz y de ciertos sectores de los medios de comunicación de presentarlo como un liberal o un izquierdista.
Según él, Magyar está tratando de no alienar a su base conservadora en las zonas rurales, que hasta hace poco eran el bastión indiscutible de Orbán. Y ha creado su propio discurso poderoso: el de una Hungría que se está derrumbando.
La mayoría de las encuestas nacionales sitúan al Tisza, el principal partido de la oposición húngara (liderado por Magyar) entre un 9% y un 18% por delante del partido de Orbán. Solo una, la del centro de estudios progobierno Viewpoint Institute, le sigue dando una ligera ventaja al Fidesz.
El lamentable estado de los hospitales, las escuelas y los ferrocarriles públicos está siendo utilizado como argumento contra Orbán por Magyar y su partido. Ahora, la estrategia de Orbán, tan admirada en el extranjero, está empezando a fallar en su propio país, y deja a Hungría más cerca que nunca de derrocar al hombre que ha gobernado el país durante los últimos 15 años.
La estrategia de Orbán
Orbán ha estado en el poder durante 19 de los 35 años transcurridos desde la caída del comunismo en 1990, lo que lo convierte en uno de los líderes más experimentados de la Unión Europea. A principios de la década de 1990, Fidesz se separó de sus raíces liberales y Orbán le infundió una nueva identidad conservadora, nacionalista y de derecha.
En 2015, mientras miles de personas viajaban a Europa en busca de asilo, Orbán se refirió a ellas como parte de “un movimiento migratorio compuesto por migrantes económicos, refugiados y también combatientes extranjeros”. Se ha opuesto al apoyo militar a Ucrania desde la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022, y también se opone a la solicitud de adhesión de Ucrania a la UE.
Una de las piedras angulares de la estrategia de Orbán ha sido su capacidad para identificar lo que temen sus votantes, algo que se ha visto reflejado en cada una de sus victorias aplastantes, en 2010, 2014, 2018 y 2022.

Una encuesta de opinión pública realizada por la agencia Publicus entre el 23 y el 25 de junio reveló que el 45% de la población estaba a favor de la marcha del Orgullo en Budapest y el 48%, en contra. Sin embargo, solo el 8% de los votantes del Fidesz la aprobaba, es decir, se trataba de una bandera que aglutinaba a su bando.
Desde la marcha, los seguidores del Fidesz han compartido algunas imágenes provocadoras del Orgullo de Budapest, entre ellas desnudos, y la historia de un hombre detenido por la policía por masturbarse en público.
Tras el evento, la cantante de folk Marianna Majorosi, cuya canción se interpretó durante un espectáculo de drag queens en el Orgullo, dijo: “Me molesta profundamente que, como artista, no tenga derecho a impedir que alguien haga esto con mi voz”. Orbán expresó su apoyo a la cantante en Facebook.
En 2022, el gobierno organizó un referéndum sobre protección de la infancia el mismo día de las elecciones generales. Las preguntas incluían: “¿Está a favor de que los niños en las escuelas públicas participen en clases sobre orientación sexual sin el consentimiento de sus padres?”. Y “¿Está a favor de promover el cambio de sexo para los menores?”.
Participaron un total de 3,7 millones de húngaros, y la gran mayoría votó “no”. Desde entonces, los funcionarios del gobierno han citado el resultado del referendo como prueba de que los húngaros se oponen a lo que representa el Orgullo.
El ganador se lo lleva todo
Otra clave del manual de Orbán es que el ganador se lo lleva todo. Orban perdió el poder en 2002, volvió al cargo en 2010 y, en una nueva ley electoral de 2011, redujo el Parlamento de 386 escaños a 199 y abolió la segunda vuelta de las elecciones, lo que, en la práctica, canalizó los votos hacia el partido más fuerte.
Mientras los partidos de la oposición, divididos, se peleaban por las migajas, Fidesz se llevó el pastel. En 2014 obtuvo el 45% de los votos, lo que se tradujo en el 67% de los escaños del Parlamento. El antiguo sistema de representación proporcional fue sustituido por otro más parecido al sistema mayoritario, utilizado en Reino Unido.
También ha nombrado jueces afines a su partido, el Fidesz, para el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo.

En 2014, afirmó que el “Estado iliberal” que estaba construyendo “no rechaza los principios fundamentales del liberalismo, como la libertad…, pero no convierte a esta ideología en el elemento central de la organización del Estado”.
Orbán sigue luchando por encontrar el nombre adecuado para su invento. András Lánczi, un filósofo considerado de gran influencia para el primer ministro, lo denomina “realismo político… Ideas basadas en la experiencia, en lugar de las utopías y el moralismo que tanto gustan a los izquierdistas”.

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