...

Cortés FM 105.7 | Cristal FM 88.9

Con más variedad musical

“Si acaban con nosotros vendrá otra pandilla”: así es el territorio controlado por el crimen organizado en Ecuador

En la ciudad ecuatoriana de Durán, plagada de drogas y bandas rivales, el capitán de policía Jean Carlos Bustamante sabe exactamente a qué se enfrenta: no solo a los criminales que matan y a veces descuartizan a sus rivales, sino también al enemigo interno.

“Tenemos muchísima gente mala dentro de nuestra unidad, dentro del Estado, dentro de la política”, dice. “Tenemos muchísimos tipos corruptos. Están a sueldo de las pandillas”.

Según él, los únicos policías en los que puede confiar son los que están a su lado: los miembros de su equipo selecto. A sus 34 años, el capitán Bustamante es el mayor del grupo y se mueve como el oficial de fuerzas especiales que fue.

Al atardecer, guía a su equipo hacia un barrio marginal donde las ventanas están protegidas con rejas metálicas y el miedo se apodera de todos. Este es el corazón del mundo de las pandillas, controlado por un grupo llamado Los Águilas.

Pregunto qué sucede si los lugareños denuncian a las pandillas. “Los matan”, responde el capitán. “Por eso nunca dicen nada”.

Se dirige a una casa abandonada donde cree que esconden armas (los pistoleros no guardan sus armas en sus casas). Él y su equipo se alinean, pegados a la pared, fuertemente armados y muy juntos. Un ariete les permite abrir la puerta.

Encuentran dos pistolas —una oxidada, pero la otra lista para disparar— y munición para un rifle de asalto.

El capitán afirma estar satisfecho con el resultado. “La primera razón es que estamos a salvo”, dice. “La segunda es que hay dos armas menos para las pandillas”.

Pero esta es una pequeña victoria en una guerra de desgaste. Admite que las bandas tienen “muchas armas y mucho más dinero que el Estado”.

Él conoce muy bien los riesgos, pues perdió a tres amigos cercanos luchando contra las pandillas. También dice que perdió el miedo hace años, pero sus padres no.

“Mi madre me dice: ‘Ten cuidado, podrías morir ahí’“, me cuenta. “Mi padre llama todo el tiempo y pregunta: ‘Hijo, ¿estás bien? Dime que estás bien’”.

Se puede trazar una línea —en dólares y en vidas destrozadas— desde las calles de Durán hasta los focos de la droga en Londres y otras capitales. Alrededor del 70% de la cocaína que llega a Europa y Estados Unidos proviene de Ecuador, según el presidente del país, Daniel Noboa.

¿Cómo hemos llegado a esto?

Violencia que no para

La droga llega a raudales desde la vecina Colombia y Perú, los dos mayores productores del mundo. Poderosas bandas locales, con vínculos con cárteles mexicanos y grupos mafiosos albaneses, ayudan a contrabandear la cocaína. Se aprovechan de la debilidad de los controles fronterizos de Ecuador, la escasez de fondos para sus fuerzas de seguridad y su extensa costa del Pacífico.

En el proceso, lo que era un tranquilo paraíso turístico en Sudamérica se ha convertido, en menos de una década, en un campo de muerte.

El año pasado, la tasa de homicidios fue una de las más altas del mundo, con más de 9,200 personas asesinadas, según el Ministerio del Interior de Ecuador. Esto a pesar de la dura represión del presidente Noboa durante los últimos dos años.

Los críticos afirman que ha tenido un efecto contraproducente. Si bien han sido arrestados importantes líderes de bandas criminales, esto ha provocado la fragmentación de las bandas y también a su proliferación.

Muchos aquí creen que la guerra contra las pandillas nunca se ganará. El capitán Bustamante sigue luchando.

Cuando nos reunimos con él para otra operación, está al acecho, observando desde un dron los callejones. Ve a tres personas moviéndose cerca de un parque infantil: “microtraficantes”, sorprendidos con las manos en la masa, según nos cuenta. Se encuentran en la base de la cadena de narcotráfico, vendiendo localmente, en cantidades mínimas, no en kilos.

En cuestión de minutos, él y su equipo localizaron a los sospechosos en su puerta. El ariete volvió a aparecer y pronto se encontraron en la cocina, donde una mujer de mediana edad protestó y una niña rompió a llorar.

La policía recorre las habitaciones a la luz de las linternas —no hay electricidad— abriendo armarios y levantando colchones. En la planta de arriba, encuentran un escondite detrás de una ventana. Un joven sospechoso sale y es detenido. Otros dos son esposados en otra habitación. Los tres son llevados detenidos, negando estar involucrados en el tráfico de drogas.

Cerca de allí, el capitán encuentra pequeños paquetes de papel con “H” escondidos en una maceta. Se trata de una mezcla altamente adictiva que contiene pequeñas cantidades de heroína, vendida por traficantes locales a un dolar el paquete.

Uno de los sospechosos está acusado y, de ser declarado culpable, podría recibir una condena de cinco años de cárcel. Los fiscales liberan a los otros dos. Altos funcionarios afirman que esto ocurre con frecuencia. Atribuyen la responsabilidad a la corrupción en el sistema judicial y en la fiscalía.

“Compran leyes, jueces y políticos”

Lee Durant/BBC: Incluso cuando la policía captura a criminales y drogas, se quejan de que la corrupción en el sistema de justicia impide un cambio real.

“Los encarcelamos [a los pandilleros] y ellos los liberan”, dice el coronel Santiago Gavilánez, subcomandante de la policía de Durán. “Lo sabemos porque cuando hacemos redadas, los recapturamos. Algunos de los que liberan matan gente y dejan huérfanos”. Nos cuenta que las pandillas tienen dinero para “comprar leyes, jueces y políticos”.

Otro agente de policía, en una localidad diferente, nos ofrece un ejemplo del poder adquisitivo de las bandas. Por su seguridad, no podemos revelar su nombre ni su lugar de trabajo.

Nos contó que lo contactaron dos veces por mensaje de texto y le ofrecieron un soborno enorme: “suficiente dinero para jubilarse”. Lo rechazó.

Alguien, tal vez un compañero, había informado a la banda exactamente dónde trabajaba y qué hacía.

“Nunca se sabe quién te está observando”, dijo. Escuchamos eso muchas veces durante una semana en Durán y sus alrededores.

De vuelta en el parque infantil, termina otro largo día con el chaleco antibalas, pero el capitán Bustamante dice que tiene que seguir adelante. “Quizás estoy un poco cansado”, admite, “pero es mi trabajo. Creo que podemos ganar esta guerra. Tenemos que hacerlo”.

En estos momentos, uno de los principales jefes de la banda en la zona ha sido visto cerca. “Sabemos que controla a los traficantes”, dice el capitán, “pero no tenemos pistas ni pruebas, así que no podemos arrestarlo”.

Pero la policía insiste en que están teniendo un impacto. Afirman que la tasa de homicidios en Durán se ha reducido a la mitad en los primeros seis meses de este año.

“Si vienen a matarme, no se lo pondré fácil”

Según nos comentan, existen otros indicios de progreso: las calles ya no están desiertas después de las 7:00 pm, y ya no se encuentran cadáveres decapitados o desmembrados. Eso solía ser habitual, según el coronel Gavilánez.

Seraphinite AcceleratorOptimized by Seraphinite Accelerator
Turns on site high speed to be attractive for people and search engines.