El fenómeno de El Niño profundiza una crisis de sequía en el país y uno de los sectores más golpeados es la ganadería que va en franco deterioro, la emergencia ya tiene consecuencias económicas y productivas, pero sus efectos podrían prolongarse hasta comprometer la reproducción del ganado y la seguridad alimentaria y nutricional del país.
– Costos de alimento para ganado han subido el doble, la producción sigue a la baja y el problema se traslada de una región a otra.
Expertos del sector consultados explicaron que la sequía actual golpea de manera desigual a las regiones ganaderas del país. En el Corredor Seco, la afectación alcanza hasta un 70 % de la producción, mientras productores enfrentan la muerte de animales, el agotamiento de pastos y reservas de alimento, el encarecimiento de los costos y la necesidad de vender parte de sus hatos para sobrevivir.
El impacto tiene distintos niveles y características según la región, pero en todas existe un denominador común: la falta de agua y alimento está reduciendo la productividad y elevando los costos para mantener los animales, sostuvieron los entrevistados.
En el país puede observarse tres grandes zonas para dimensionar la emergencia: el Corredor Seco, la zona central y el litoral Atlántico. En cada una, el deterioro presenta características diferentes, pero el resultado comienza a ser similar: menos producción de leche y carne y mayores dificultades para sostener el hato.

El Corredor Seco, el rostro más crítico de la emergencia
En departamentos como Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Lempira, que forman parte del Corredor Seco, la situación es especialmente grave.
La afectación a la producción ganadera se estima en alrededor de 70 %, mientras ya se reporta la muerte de al menos 200 animales. En los municipios bajo Alerta Roja, los productores enfrentan un escenario en el que los pastos prácticamente han desaparecido y las reservas de alimento se agotan.
El problema es diferente al de los cultivos de granos básicos. Una vez que las condiciones climáticas mejoran, un productor agrícola puede volver a preparar la tierra y sembrar si dispone de semillas e insumos. En la ganadería, la recuperación es mucho más lenta, no basta con que vuelva a llover, cuesta mucho recuperar el pasto, mientras tanto, los animales deben continuar comiendo y ahí comienza otra parte de la crisis porque un animal sin alimento deja de producir
Los expertos detallaron que la falta de pasto, heno y silos está provocando una pérdida progresiva de condición nutricional en el ganado.
Una vaca mal alimentada produce menos leche, pierde rendimiento y disminuye su capacidad reproductiva. Si no recibe la nutrición necesaria, puede dejar de entrar en celo y, por tanto, no reproducirse.
En ese sentido, el efecto de la sequía es un problema que va mucho más allá de la emergencia inmediata. No solo se pierde producción en la actualidad, sino que también puede reducirse la capacidad productiva del hato para los próximos meses.

Menos producción y mayores costos
A escala nacional, la producción ganadera registra una reducción que podría ubicarse en 40 % según la estimación planteada por el sector y atribuida a la sequía. Sin embargo, al compararla con el año anterior, cuando la producción ya venía disminuyendo, la caída acumulada podría acercarse al 50 %.
La zona central también registra una disminución importante en productividad y rendimiento. Aunque en algunos sectores se han presentado lluvias, estas no han sido suficientes ni constantes para recuperar los niveles habituales de producción de leche y el rendimiento del ganado destinado a engorde.
El litoral Atlántico aparece como la región menos afectada, pero tampoco ha quedado al margen. La irregularidad de las lluvias también ha reducido la productividad y los rendimientos.
Alimentar al ganado se vuelve cada vez más caro
A la escasez se suma el aumento del precio de los alimentos. Los ganaderos informaron que el silo, por ejemplo, habría pasado de alrededor de 1.50 lempiras por libra a entre 2.50 y 3 lempiras. El heno también ha aumentado: una paca que costaba entre 60 y 70 lempiras ahora puede alcanzar entre 80 y 90 lempiras.
En el caso de las cargas grandes, el precio habría aumentado de unos 1,600 a 2,500 lempiras.
Para un productor que ya enfrenta una caída en sus rendimientos, alimentar al ganado con precios cada vez más altos representa una carga financiera difícil de sostener.

Vender para sobrevivir o para aprovechar buenos precios
Paradójicamente, el mercado del ganado atraviesa un momento favorable en materia de precios.
El valor de la carne en pie para los productores habría pasado de alrededor de 22 a casi 36 lempiras por libra, lo que en condiciones normales representaría una oportunidad para mejorar los ingresos.
Pero la sequía está cambiando el significado de esa venta. Los productores que inicialmente contemplaban vender únicamente animales de descarte ahora están sacrificando parte de su inventario para evitar pérdidas mayores. Algunos han llegado a vender terneros e incluso vacas productivas.
La preocupación aumenta cuando las vacas reproductoras dejan de permanecer en las fincas destinadas a producir y son comercializadas hacia otros mercados.
El problema deja de ser entonces únicamente cuánto dinero recibe hoy el productor por cada animal vendido. La pregunta es cuántos animales productivos quedarán mañana para recuperar la producción.
El riesgo de descapitalizar las fincas
La presión económica ya ha llevado a algunas explotaciones ganaderas a vender la totalidad de sus animales. Una fuente ganadera confió a Proceso Digital, que los últimos meses dos fincas completas vendieron todo su hato ganadero.
El fenómeno representa una señal de alarma para el sector. Si la sequía continúa y más productores se ven obligados a liquidar sus hatos, la crisis podría pasar de una reducción temporal de la producción a una descapitalización de la actividad ganadera.
Las plantas industriales nacionales también están recibiendo una cantidad importante de animales, impulsada por productores que venden para obtener recursos, reducir el inventario que no pueden alimentar y financiar la compra de alimento para los animales que permanecen en las fincas.
El mercado puede absorber los animales hoy, pero reconstruir un hato productivo requiere mucho más tiempo, anotan los productores.

El problema también se está trasladando de una región a otra
Ante la falta de alimento, algunos productores están trasladando sus vacas hacia zonas del norte y hacia áreas de Yoro donde todavía existen mejores condiciones para mantener los animales.
El productor y ganadero de El Paraíso, Jairo Aguilera, describió la situación como crítica en varias zonas y otras están subsistiendo y ayudando a las zonas más afectadas para el caso dio a conocer que el Valle de Jamastrán, es una de las zonas productoras de alimento para ganado, está utilizando en la actualidad forraje que normalmente debería reservarse para marzo y abril del próximo año. Esto anticipa un escenario todavía más complicado para el siguiente ciclo productivo, al reducir las reservas disponibles.
Aguilera urgió a reactivar los sistemas de riego para garantizar la producción de pastos y alimento para el ganado.
Pero lógicamente esta estrategia tiene un límite, ya que, si las lluvias continúan siendo insuficientes, las zonas que hoy funcionan como refugio también podrían comenzar a enfrentar escasez de pastos y alimento. La crisis, entonces, puede desplazarse geográficamente hasta alcanzar nuevas regiones.

La situación es crítica hay que ocuparse
La prolongada sequía y la intensidad del fenómeno de El Niño han colocado a la ganadería hondureña ante una de sus situaciones más complejas, el director ejecutivo de la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh), José Chacón, señaló a Proceso Digital que el principal problema es una variable que el productor no puede controlar: la falta de lluvia.
Explicó que, aunque se disponga de financiamiento, asistencia técnica e infraestructura, estas medidas no resuelven la emergencia inmediata si no existen condiciones climáticas para producir alimento y mantener las fuentes de agua.
Chacón consideró que las soluciones de fondo deben orientarse al mediano y largo plazo, mediante cosechadoras de agua, sistemas de riego y producción de ensilaje, particularmente de maíz. Sin embargo, advirtió que estas alternativas requieren planificación y tiempo, por lo que no representan una respuesta inmediata ante la actual crisis.
Desde la presidencia de la Fenagh, el ingeniero Héctor Ferreira, dijo que se reconoce que el sector productor no se preparó suficientemente para cambios climáticos de esta magnitud. Ante ello, se plantea una estrategia conjunta entre productores, empresa privada y Gobierno para atender la emergencia y construir medidas de corto, mediano y largo plazo.
La prioridad inmediata es evitar la muerte del ganado, mediante la identificación y traslado de subproductos de la industria que puedan utilizarse como alimento en las zonas con mayor escasez. También se plantea recurrir a alianzas con instituciones como Copeco y las Fuerzas Armadas para facilitar el transporte de estos recursos, indicó.
Por su parte el Gobierno a través de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), mantiene activo el Programa de Incentivo a la Producción Ganadera, que contempla una inversión de 20 millones de lempiras para beneficiar al menos a 10,000 pequeños productores ganaderos afectados por la escasez de alimento en diferentes zonas del país.

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