Hablando frente a un grupo de empresarios cristianos reunidos en un pequeño auditorio, el ministro de Hacienda de Chile, Jaime Quiroz, les pidió evitar el pesimismo, utilizando citas bíblicas y, también, algunas cifras.
El mensaje estaba dirigido a quienes lo conocen desde hace muchos años, porque Quiroz desarrolló toda su carrera profesional en el sector privado como empresario
“No pierdan la calma ni se desesperen”, les dijo a comienzos de octubre en Santiago, tras hacerse públicos una serie de malos indicadores sobre la economía chilena.
La inversión productiva, tanto privada como pública, tuvo un nulo crecimiento en el segundo trimestre de este año, principalmente por la caída en la construcción.
El desempleo escaló a un récord de 9,6%, el mayor nivel en más de cinco años, y la demanda interna tuvo un crecimiento prácticamente nulo.
El costo de la vida subió en julio a un 4,1% interanual, impulsado, en gran parte, por un fuerte aumento en el precio de los combustibles en un país que importa casi todo el crudo que consume.
La minería, en el mayor exportador de cobre del mundo, sufrió una drástica caída.
Todo esto ocurre en el contexto de un plan de austeridad fiscal implementado por el gobierno de José Antonio Kast, el presidente de derecha radical que llegó al poder en marzo con la promesa de reactivar la inversión y el empleo, y que ahora enfrenta un nivel de desaprobación superior al 60%, según las encuestadoras locales.
El frenazo económico quedó en evidencia con caídas del PIB del 0,5%, en el primer trimestre del año y del 0,2%, en el segundo, respecto a los mismos períodos del año anterior.
Se trata de la mayor contracción desde la pandemia.

El impacto del precio de los combustibles
Pocos días después de que comenzara la guerra en Irán, Kast aterrizó en la Moneda con su propia motosierra para recortar el gasto fiscal y sacar adelante un plan de austeridad económica que debía impulsar el crecimiento económico.
El precio del barril de petróleo se disparó por el conflicto armado y, mientras la mayoría de los países buscaba la manera de mitigar la situación, su gobierno tomó la decisión de no intervenir, dejando que el costo de los combustibles subiera de acuerdo al mercado, un episodio conocido como el “bencinazo”, que causó manifestaciones callejeras y la indignación de muchos ciudadanos.
Traspasado el shock petrolero a los consumidores, el precio de los combustibles no solo afectó el bolsillo de los hogares más vulnerables y de las pequeñas empresas, sino que amplificó su efecto en cadena y se transmitió hacia el resto de la economía, empujando hacia arriba la inflación.

Recién inaugurado, el gobierno tomó esa decisión al considerar que “el costo fiscal de compensar el alza de precios era excesivo y amenazaba con socavar sus esfuerzos por reducir el déficit fiscal”, le explica a BBC Mundo Nicolás Saldías, economista principal para las Américas del centro de análisis Economist Intelligence Unit.
“El costo político para el gobierno fue muy elevado, ya que la popularidad de Kast cayó rápidamente y no se ha recuperado”, apunta el experto.
Se trató de una decisión que “afectó la confianza de los consumidores”, según Joan Domene, economista jefe para América Latina de Oxford Economics.
El precio que pagan los consumidores por la gasolina (bencina en Chile) en los surtidores, calculado como un promedio en la Región Metropolitana -la más poblada del país-, subió alrededor de un 30% desde los días previos al inicio de la guerra hasta mediados de octubre, mientras que el diésel escaló más de un 40%.
Expertos coinciden en que el próximo año podría haber una leve desaceleración de los precios energéticos globales, aunque marginal.
La proyección va actualizándose constantemente, pero si ese escenario se mantiene y no surgen nuevos contratiempos, es posible que se vea “una tendencia a la recuperación de la economía tan pronto como en el primer trimestre del año que viene”, comenta Domene.
La caída en la producción minera

La minería, especialmente el cobre, es el principal producto de exportación chileno y uno de los sectores más importantes para el crecimiento económico del país.
Por eso fue tan negativo el desplome de la actividad minera en agosto, cuando cayó un 17,4% en términos anuales.
Esa caída llevó a la actividad minera a su nivel más bajo en tres décadas.
Si bien agosto marcó un punto de inflexión, la baja producción de cobre venía marcando una tendencia negativa este año, a lo que se sumaron interrupciones operativas en los yacimientos y condiciones climáticas muy adversas en julio y agosto.
Por ahora, las proyecciones apuntan a que la producción minera debería aumentar el próximo año, contribuyendo a una reactivación económica del país.
Sin embargo, una de las preocupaciones del sector es que la concentración de cobre en la roca ha disminuido, lo que eleva los costos de la producción y genera incertidumbre.



Te puede interesar
Las imágenes de la nueva cárcel de máxima seguridad de Costa Rica que imita al Cecot de Bukele
Alberta vota por seguir formando parte de Canadá, según resultados preliminares del referendo independentista
Netanyahu recibe al secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, antes de elecciones en Israel