Dos días antes del debut de Estados Unidos en el Mundial 2026, del que es coanfitrión, el seleccionador Mauricio Pochettino sólo respondió preguntas de un único reportero intrépido… y era Archibaldo, de Plaza Sésamo.
«¿Alguna vez has intentado motivar al equipo con galletas?».
El técnico argentino siguió el juego con buen humor, aunque parecía ligeramente desconcertado por charlar con un esponjoso monstruo azul de peluche, a pocos metros de la zona donde sus dirigidos comenzaban una práctica.
Si bien el contenido de la entrevista no fue especialmente incisivo, la estrategia general estaba clara. Los coanfitriones están apostándolo todo para ganarse a los aficionados, cuya energía podría ser clave en los próximos días.
A principios de esta semana, Pochettino buscó acercar a la selección a sus seguidores al animar a 5.500 aficionados a corear «¡USA! ¡USA!» durante un entrenamiento abierto al público en su campo base en Irvine, California.
«Para los jugadores es tan, tan, tan increíble y tan importante recibir su cálida energía y todo su amor», les dijo a los seguidores.
«Creo que ellos tienen que tomar toda esta energía que ustedes van a enviarles hoy y compartirla con nosotros después en la cancha, en el campo, para rendir».
Otros esfuerzos poco convencionales para atraer a estadounidenses menos familiarizados con el fútbol incluyeron una sesión de fotos con la revista Flaunt, en la que apareció el centrocampista Malik Tillman con un enorme sombrero de alta costura en forma de seta.
«Se ha compartido en el chat del grupo varias veces… ¡hay algunas fotos cuestionables!», dijo entre risas el defensa Chris Richards el miércoles.
«Al final se trata de visibilidad. Yo siempre estoy dispuesto a expresarnos de diferentes maneras», añadió su compañero en el centro de la zaga, Mark McKenzie.
Más allá de los compromisos comerciales, conquistar al público estadounidense podría aportar ventajas útiles mientras el equipo afronta un exigente Grupo D, con Paraguay, Australia y Turquía.
– Estados Unidos contra el mundo –
Aunque avanzar a las fases eliminatorias garantizaría jugar siempre en casa, el apoyo local no está asegurado para un seleccionado cuyos aficionados suelen verse superados por las hinchadas rivales, impulsadas por amplias comunidades inmigrantes.
En la final de la Copa Oro de la Concacaf del año pasado, Estados Unidos cayó en Houston, en un estadio mayoritariamente ocupado por aficionados de México. La semifinal en St. Louis, Misuri, fue un mar celeste a favor de Guatemala.
Rand Getlin, documentalista que siguió durante cuatro años a la selección para la serie de HBO «U.S. Against the World», afirmó que esta situación preocupa a los jugadores.
«Los destroza. Les duele. Les pone tristes. Están decepcionados consigo mismos por no darles a los aficionados más motivos para celebrar», señaló.
Aunque aún quedan entradas caras sin vender para los partidos de Estados Unidos, en los últimos días la expectativa ha crecido en Los Ángeles, con bares y vallas que promocionan distintos colectivos.
Sea cual sea el rival en los dieciseisavos y en adelante, los jugadores han insistido esta semana en la importancia de nutrirse de la energía del público.
«Jugar en casa, para empezar, es un sueño hecho realidad», declaró el miércoles el extremo Timothy Weah.
«Obviamente va a haber presión porque eres el anfitrión y tus aficionados quieren verte brillar. Creo que eso lo hace aún más hermoso».
Pochettino coincidió con esa idea y sugirió que la afición puede ser una herramienta más poderosa que la propuesta de Archibaldo, que fue «torta de chocolate».
«Creo que nuestra enorme inspiración es hacer sentir orgullosos a nuestros aficionados, a nuestras familias, a la gente que queremos», afirmó.

Te puede interesar
Raphinha, autocrítico: «Ancelotti está contento conmigo, pero puedo hacer mucho más»
Neymar, Kylian, Lionel… los nombres futboleros más populares en Sudamérica
Spotify Camp Nou se apunta ser sede de la final de la Champions 2028-29