El sector caficultor hondureño enfrenta una combinación de menor producción, encarecimiento de insumos y mano de obra, problemas climáticos y un mercado internacional altamente volátil. El impacto recae con mayor fuerza sobre los pequeños y medianos productores.
Este octubre, en el inicio de la cosecha 2026-2027 se establece un pronóstico de 7.0 millones de sacos de 46 kg, y justo al cierre del año cafetero anterior, el 30 de septiembre, se registraron cifras positivas: una exportación de 7.3 millones de sacos de café y 2 mil 285 millones de dólares en divisas.
Motor de la economía
El café sigue siendo uno de los principales motores de la economía hondureña; representa 4.7% del PIB total y 24% del PIB agrícola, pero detrás de los altos ingresos que genera existe un sector cada vez más expuesto a factores que escapan al control de los productores.
El estudio “Café hondureño: un pilar expuesto a gran volatilidad”, de Sendas, revela la magnitud de esa dependencia: durante 2025 el café generó 2,329 millones de dólares en exportaciones, equivalentes al 35% de las exportaciones de mercancías generales.
Pero el récord de ingresos también refleja la vulnerabilidad del sector, pues buena parte del crecimiento respondió al incremento de los precios internacionales y no a un aumento proporcional del volumen exportado.
El precio internacional promedio del café alcanzó 3.83 dólares por libra en 2025, un 50% más que en 2024.

Para el productor y comercializador Carlos Murillo, esa volatilidad se encuentra ahora con un escenario interno más complejo: la próxima cosecha ya está comprometida por los efectos climáticos y el incremento de los costos de producción.
Consultado por Proceso Digital, Murillo estima que la cosecha 2026-2027 tendrá una reducción de entre 10% y 15%, particularmente en las zonas ubicadas entre los 800 y 1,100 metros sobre el nivel del mar.
En esas áreas, explicó, no se presentó una floración continua y el llenado del fruto no alcanzó los niveles esperados. A esto se sumó que muchos productores no pudieron fertilizar adecuadamente debido a la escasez de humedad en el suelo.
El impacto se concentra especialmente en departamentos como Lempira, Santa Bárbara, Ocotepeque, Intibucá y Comayagua, donde se encuentran importantes áreas productoras dentro de ese rango de altura.
“Ya tenemos comprometida la cosecha 2026-2027 por los problemas climáticos”, señaló Murillo y advirtió que, si las condiciones se mantienen, también podría resultar afectado el ciclo 2027-2028.
La situación ya dista un poco con el cierre de la cosecha 2025-2026, que Murillo califica como una cosecha positiva en materia de producción y generación de divisas. El problema es que los efectos de lo ocurrido durante este ciclo se trasladarán al siguiente.
El precio internacional no garantiza rentabilidad
A la menor producción se suma otro factor determinante: el comportamiento del mercado internacional. El estudio de Sendas señala que el café arábico presenta una volatilidad anualizada del 25%, superior a la del conjunto de las materias primas y al promedio de los productos agrícolas. Honduras, que aporta alrededor del 3% de la producción mundial, tiene poca capacidad para influir sobre esos precios.
Murillo observa precisamente ese riesgo desde el lado de la comercialización. Actualmente el precio ronda los 270-273 dólares, un nivel que considera todavía favorable frente a períodos de precios bajos, pero que debe analizarse junto con el fuerte incremento de los costos.
Además, la expectativa de una producción récord de café en Brasil genera preocupación entre los comercializadores y productores hondureños porque una mayor oferta mundial puede ejercer presión sobre las cotizaciones.
Desde el sector exportador, Miguel Pon, presidente ejecutivo de Adecafeh, también consultado por Proceso Digital, señaló que, aunque el precio internacional del café ha bajado respecto a los cerca de 300 dólares del año pasado, todavía se mantiene en niveles atractivos para la próxima cosecha.
No obstante, el comportamiento del mercado dependerá en buena medida del clima, mientras los productores enfrentan mayores costos.
Los costos crecen más rápido

Sin embargo, se aclara que, un precio internacional relativamente alto no necesariamente significa mejores condiciones para el caficultor si producir cada quintal cuesta mucho más.
El incremento de los costos constituye uno de los principales problemas señalados por Murillo. Los fertilizantes, explicó, han registrado aumentos de más del 70% en algunos productos, mientras que otros insumos han subido entre 15% y 20%.
La presión alcanza los herbicidas, fungicidas y otros productos vinculados a derivados del petróleo, además del transporte y la logística.
El productor independiente Freddy Pastrana reiteró que el sector mantiene su aporte a la economía nacional mediante la generación de divisas, empleo y protección ambiental, pero enfrenta un escenario internacional complejo, marcado por el encarecimiento de los combustibles y el cambio climático.
“Nosotros le aportamos al país divisas, generación de empleos, más de 400,000 empleos, y si se suma toda la cadena, un millón de empleos y cuidamos el medio ambiente”, destacó.
Sin embargo, coincido con Carlos Murillo y explicó que producir café se ha vuelto cada vez más costoso. especialmente por el costo de los combustibles y los fletes.
Pastrana en entrevista con Proceso Digital, recordó que el precio del café se determina en un mercado internacional altamente volátil y que factores como la producción de Brasil tienen una incidencia directa sobre las cotizaciones.
La expectativa de una producción brasileña superior a los 70 millones de quintales, explicó, repercute sobre el precio internacional. Actualmente, los niveles siguen siendo atractivos, pero deben analizarse frente al incremento de los costos internos.
A ello se suma el incremento del costo de la mano de obra. Los trabajadores demandan mayores pagos por actividades como la limpieza por manzana y por la recolección.
La falta de trabajadores nacionales continúa siendo uno de los principales problemas de la caficultura. Pastrana señaló que Honduras sigue dependiendo de trabajadores provenientes de Guatemala y Nicaragua, una situación que el sector ha advertido durante varios años.
A su juicio, la solución requiere más que llamados para que los hondureños regresen al campo. Se necesita mejorar las condiciones de vida en las comunidades cafetaleras. Por lo que el sector reiteró que se necesita un plan estratégico que permita mejorar la infraestructura vial, centros de salud, escuelas, albergues para niños, agua potable, electricidad e internet en las zonas productoras.
El encarecimiento también limita la capacidad de los productores para invertir en sus plantaciones, precisamente cuando las condiciones climáticas están aumentando la necesidad de fertilización, control de plagas y manejo fitosanitario.

El pequeño productor concentra la vulnerabilidad
El estudio de Sendas citado señala que aproximadamente 93% de los productores hondureños son pequeños, con fincas de alrededor de dos hectáreas en promedio.
Son precisamente estos productores los que tienen menos capacidad para absorber un período de bajos precios, una caída de la producción o un incremento de los insumos.
Tanto Pastrana como Murillo agregan otro elemento: el acceso al crédito para el sector cafetalero se ha reducido y los pequeños y medianos productores son quienes tienen mayores dificultades para acceder al financiamiento.
Producir más no necesariamente significa ganar más
El diagnóstico de Sendas introduce otro elemento relevante: Honduras puede ser altamente productiva y, aun así, capturar una proporción menor del valor generado por su café.
El país registró entre 2019 y 2024 un rendimiento promedio de 25.4 quintales por hectárea, ubicándose entre los productores de arábica con mayor productividad. Sin embargo, el estudio señala una brecha entre esa eficiencia productiva y el valor que Honduras logra capturar por unidad exportada.
Esta situación coloca otro desafío sobre la mesa y es que para los especialistas no se trata únicamente de producir más café, sino de conseguir mejores condiciones de comercialización y mayor valor agregado para el país y para quienes producen el grano.
En este punto, Freddy Pastrana remarcó que ahí deben apuntar las autoridades porque países vecinos que no alcanzan la misma calidad del café hondureño logran mejores precios.
Un pilar que también necesita protección
La importancia económica del café contrasta con la vulnerabilidad de quienes sostienen la producción.
Los 2,329 millones de dólares exportados durante 2025 muestran el peso que tiene el rubro para Honduras. Pero la realidad en las fincas muestra otra cara: productores que enfrentan menor producción, insumos más caros, dificultades de financiamiento, problemas climáticos, nuevas plagas y una mano de obra cada vez más costosa.
Los especialistas del rubro consultados indican que el desafío para la caficultura hondureña no está únicamente en cuánto café se produce o cuánto cotiza en el mercado internacional. También está en cuánto de ese valor termina llegando al productor y qué capacidad tiene este para resistir los ciclos de precios, el cambio climático y el aumento de costos; además de una integración fuerte en cuanto a políticas de toda la institucionalidad cafetalera. LB


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