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¿Por qué hay tantas casas sin terminar en Perú?

Alejandra Gómez recorre con la mirada los tres pisos de su casa en el norte de Lima.

Mirsa Amasifen, su tía, observa desde la puerta. Estas dos mujeres simbolizan el esfuerzo generacional que supuso levantar el hogar.

“Construir el primer piso tomó diez años. El segundo seis. El tercero entre seis y ocho. En total, 25-30 años. Aquí hemos vivido tres generaciones”, cuentan Gómez y Amasifen.

Acabada en verde y amarillo, con ventanas de vidrio y puertas de hierro, la casa resalta en un barrio donde la norma son viviendas a medio hacer, con vigas en techos que apuntan a ninguna parte y fachadas en ladrillo opaco sin pintar.

La escena ocurre en Los Olivos, pero podría repetirse en casi la totalidad de los 43 distritos de la capital peruana y otras ciudades del país andino, donde la preocupación sobre el estado de decenas de miles de inmuebles se ha reavivado después de los mortales terremotos en Venezuela.

En Perú, incontables propiedades inacabadas dominan el paisaje, salvo los barrios de clase media y alta.

“Perú es un país que nunca termina de construirse”, reflexiona Wiley Ludeña, urbanista de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Pone como ejemplo a la capital. “Es como una ciudad informal gigante, como si fuese toda una barriada en obra permanente”, dice en referencia a los asentamientos informales en los que viven millones de ciudadanos y que quedaron integrados en esta urbe de más de 10 millones de habitantes.

Peruanos de a pie me repiten un motivo para las viviendas sin terminar: “Es rentable. Mientras estén en construcción, pagan menos impuestos”.

La realidad es más compleja. Detrás de este fenómeno se esconden pocos recursos, familias que crecen más rápido que los hogares, políticas que alientan más que resuelven y un peso abrumador de la autoconstrucción.

Se estima que 7 de cada 10 casas son autoconstruidas en Perú, uno de los índices más altos de América Latina, según el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), un centro de investigación privado peruano.

Tras los sismos se que cobraron miles de vidas en Venezuela y destruyeron los hogares de otros tantos, los medios peruanos y expertos se preguntan qué pasaría si una tragedia así se produjera en Perú, donde la falta de asesoría técnica y la ausencia del Estado ha marcado el crecimiento urbano durante décadas.

La estética de la barriada

José Carlos Cueto / BBC Mundo: La familia de Alejandra Gómez pudo completar su hogar tras casi 30 años en construcción. Muchos de sus vecinos no lo han conseguido.

Las casas sin terminar y la prevalencia de esa estética se acentuó a partir de los años 60 del siglo pasado.

“La industrialización atrajo a millones de migrantes del campo a las ciudades, creando un déficit de vivienda”, señala Ludeña.

“Desde el gobierno se pensó en la autoconstrucción como una solución sin que el Estado proveyera de recursos económicos”, añade el urbanista.

Así llegó y más tarde completó su casa Amasifen en Lima. Vino de la sierra y se asentó en lo que entonces eran maizales y otras cosechas.

“Se pobló como invasión. Los vecinos cercaron sus terrenos. Las primeras casas eran de adobe. Luego, con el tiempo, se pudo utilizar el concreto”, cuenta.

Aunque nació como barriada, Los Olivos es hoy en su mayoría formal, pero los procesos de expansión y regularización continúan. También la aglomeración de proyectos inacabados.

José Carlos Cueto / BBC Mundo: En la mayoría de barrios de Lima es normal que se mezclen decenas de proyectos acabados y sin acabar. Es un paisaje común en otras ciudades peruanas.

“En un principio, las barriadas eran un paraíso. La gente construía y hasta hoy siguen construyendo según sus posibilidades económicas. Un año un piso, más tarde otro, luego la habitación, otro la fachada”, explica Ludeña.

Pero con el tiempo, dice el urbanista, se generó un “auténtico infierno urbano carente de servicios. Una ciudad enferma por el abandono estatal en asesorías técnicas”.

Esto se refleja en una estética de construcción inacabada que, a diferencia de otros países de la región donde también existe un notorio número de viviendas informales y autoconstruidas, en Perú es más visible y no se limita a las periferias o zonas rurales.

Falta de recursos

José Carlos Cueto / BBC Mundo: Said Sevilla cree que las medidas de los gobiernos para promover viviendas son populistas y no resuelven el problema real de la falta de recursos para poder tener viviendas dignas.

De acuerdo a datos de 2023 del Observatorio Nacional de Prospectiva de Perú, un 44,6% de los 34 millones de peruanos habita barrios marginales, asentamientos informales o viviendas inadecuadas. En 2007 esa cifra fue del 49,9%.

Tania Herrera, quien cuenta con un doctorado en geografía por la Université Paris Cité, en Francia, alerta que los números podrían estar subestimados y que es difícil cuantificar las familias que viven hacinadas a causa de espacios incompletos.

Said Sevilla, un estudiante de geografía de la Universidad Nacional de San Marcos que investiga el fenómeno, me guía por su barrio, mostrándome la prevalencia de casas inacabadas y las características que las definen.

“Mira esas columnas que sobresalen del techo. A veces es porque ya tienen plan para hacerle otro piso. Otras veces es porque la expectativa de seguir construyendo nunca termina y ya las dejan sobresaliendo para cuando reúnan dinero poder continuar”, apunta con el dedo.

“Fíjate que pocos pintan los laterales de la fachada. Aquí, en cualquier momento, el vecino construye más pisos al lado y entonces, ¿para qué pintar si no se va a ver?”, continúa Sevilla.

José Carlos Cueto / BBC Mundo: Muchos dejan columnas expuestas, esperando poder continuar la construcción en el futuro.

La falta de recursos es el factor más mencionado por los expertos para explicar el letargo constructivo.

La madre de Sevilla apenas ha podido armar su casa tras 35 años viviendo en ella.

“Como usted ve, es una casita precaria que no más está empezando. Mi prioridad ha sido que mis hijos estudien”, explica Leonor Palomino.

“Lo normal aquí es que cada casa tarde al menos dos o tres generaciones en terminarse”, dice Sevilla.