La polémica en torno al pacto petrolero con Venezuela que Donald Trump anunció el viernes —calificado por el presidente de Estados Unidos como “el mayor de la historia”— no hace más que crecer a medida que se conocen más detalles.
A las interrogantes sobre la legalidad de transferir a EE.UU. el control mayoritario de 17 yacimientos que albergan el 21,5% de las reservas probadas de crudo venezolanas, equivalentes a unos 65.000 millones de barriles, se suma ahora la sorpresa por quién estará a cargo de su explotación.
Contra lo que podría esperarse en una operación de esta envergadura, el listado de participantes no incluye a gigantes de la industria como ExxonMobil, ConocoPhillips o BP. En su lugar, figura North American Blue Energy Partners (NABEP), una compañía registrada en Barbados, sobre la que existe escasa información pública y de la que no hay constancia de su presencia en otros mercados petroleros.
Sin embargo, lo que más ha llamado la atención es quien dirige a NABEP: Alejandro Betancourt López, un empresario venezolano cuyos millonarios negocios con el gobierno venezolano desde tiempos del fallecido Hugo Chávez han generado titulares y también le han costado investigaciones judiciales en al menos cinco países a lo largo de los últimos tres lustros.
“Venezuela cuenta con abundantes recursos naturales, gente trabajadora y un potencial sin explotar”, declaró Betancourt en el comunicado en el que confirmó la participación de su firma en el acuerdo.
“Esta transacción liberará ese potencial para gran beneficio tanto de venezolanos como de estadounidenses”, agregó en el escrito, donde también anunció que el gobierno de EE.UU. se hará con el 35% de las acciones de NABEP.
Desde Washington, por su parte, defienden al socio escogido alegando que ha probado ser confiable.
“(Nicolás) Maduro seguiría en el poder si no fuera por él”, declaró un funcionario estadounidense en condición de anonimato al medio digital Axios.

Del Cumbres a la cumbre
Leopoldo Alejandro Betancourt López nació en Caracas en febrero de 1980, en el seno de una familia de clase media.
Es economista graduado en la Universidad de Suffolk, (Massachusetts, EE.UU.), se lee en el perfil que está publicado en la página de O’Hara Financial, un fondo que creó para administrar su fortuna, la cual según algunos medios internacionales ronda los US$2.600 millones.
Aunque en su currículo atribuye su ascenso a su “espíritu emprendedor”, periodistas venezolanos que le han seguido los pasos desde hace años aseguran que todo comenzó con las conexiones que hizo en las aulas del Instituto Cumbres de Caracas, un colegio religioso privado ubicado en el este de la capital venezolana.
“Estudió con algunos de sus futuros socios y sobre todo con Javier Alvarado Pardi, el hijo de quien luego sería presidente de la Electricidad de Caracas, viceministro de Energía y directivo de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) durante el gobierno de Chávez”, explicó a BBC Mundo el investigador venezolano Alek Boyd, quien le ha seguido el rastro desde 2011.
“En 2009, en plena crisis eléctrica, Alvarado le presentó a Betancourt y a sus socios a su padre y le aseguró que ellos podrían resolver el problema. Y recibió 12 contratos millonarios, pese a no tener ninguna experiencia en el sector eléctrico”, agregó el comunicador basado en Londres (Reino Unido).
Derwick Associates, la empresa de ingeniería que Betancourt fundó con un primo, recibió entre 2009 y 2011 sin licitación 12 contratos del gobierno para construir 11 nuevas plantas eléctricas y uno para modificar una existente por un monto de US$5.000 millones.

Poco después surgiría el apodo de por el que se le conoce a él y a sus socios en el país.
“En 2011, el periodista especializado en finanzas Juan Carlos Zapata, escribió una columna que hablaba de unos jóvenes que, en ese momento apenas estaban llegando a los 30 años y que estaban haciendo grandes negocios con el llamado gobierno bolivariano y los bautizó como los ‘bolichicos’”, recordó a BBC Mundo César Batiz, director del medio digital venezolano El Pitazo y quien también ha investigado las actividades de Betancourt y sus asociados.
El abogado de Betancourt rechaza el calificativo.
“Es un término acuñado por los medios, utilizado para agrupar a un grupo de personas jóvenes que lo único que tienen en común es que son exitosas”, afirmó a BBC Mundo Jon Sale, letrado del empresario en EE.UU.
“Antes de que se le comenzara a agrupar con los bolichicos, ya era rico y venía de una familia con arraigo en Venezuela”, agregó el representante legal en alusión a los supuestos nexos entre la familia de Betancourt y Hermógenes López, quien fue presidente encargado de Venezuela entre 1887 y 1888.
Sin embargo, tras la aparición del apodo, comenzaron los cuestionamientos.
Aunque desde Derwick aseguraron que ejecutaron la totalidad de las obras de electrificación contratadas, organizaciones especializadas en la lucha contra la corrupción como Transparencia Venezuela y el Proyecto de Información sobre el Crimen Organizado y la Corrupción (OCCRP, por sus siglas en inglés) aseguraron que varios de los proyectos no se concluyeron o fueron realizado de manera incorrecta, lo cual explicaría por qué el país sigue sufriendo constantes apagones eléctricos hasta el día de hoy.
A lo anterior habría que sumarle que, en un informe publicado en 2018, Transparencia Venezuela reveló que 11 de los proyectos entregados a Derwick debían haber costado US$2.100 millones. Esto significa que el gobierno pagó un sobreprecio de 138%.

Crece el imperio y los problemas
Pese a las críticas por su desempeño en el sector eléctrico, las autoridades venezolanas permitieron a Derwick incursionar en el ámbito petrolero a través de Petrozamora, una asociación estratégica para la extracción de crudo en el Lago de Maracaibo, en la que participaban firmas rusas junto con Pdvsa.
Pero las actividades comerciales de Betancourt no se han circunscrito exclusivamente a Venezuela. A mediados de la década pasada comenzó su proceso de internacionalización al adquirir una participación en la empresa española de gafas de sol Hawkers, de la cual se convirtió en socio mayoritario y presidente en 2016.
Paralelamente, también compró entidades bancarias de Suiza y África.
Hoy, la red empresarial de Betancourt abarca medio centenar de firmas distribuidas en 16 países, según las investigaciones de Transparencia Venezuela.
Aunque ha optado por la discreción, evitando las redes sociales y dando contadas entrevistas a medios de comunicación, a medida que se expandía internacionalmente, también lo hacían las sospechas sobre sus negocios.
En 2013, el exembajador de EE.UU. en Venezuela, Otto Reich, presentó una demanda ante un tribunal estadounidense contra Betancourt y dos de sus socios por “pagar grandes sumas a funcionarios públicos (venezolanos) a cambio de adjudicarles contratos”.
Aunque la querella del diplomático fue desestimada cinco años después, esto no puso fin a los problemas judiciales del empresario.
Desde finales de la década pasada, las autoridades judiciales de España, Suiza, Andorra y EE.UU. han abierto varias averiguaciones contra Betancourt y otros “bolichicos” por su presunta participación en distintas tramas corruptas relacionadas con Pdvsa.
En 2025, el empresario volvió a ocupar titulares cuando fue detenido en dos ocasiones por la policía británica en Londres, ciudad donde se había establecido durante los últimos años.

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