“Bienvenidos a Paraguay”, repetía en voz alta el jefe de servicios de inmigración en Ciudad del Este mientras caminaba entre sillas, bancos de plástico y pareos de playa.
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“Mañana, a las 7 de la mañana, comenzaremos a distribuir los formularios. A las 8 de la mañana, se iniciará la atención para quienes deseen solicitar la residencia”.
El mensaje iba dirigido a cientos de brasileños organizados en una larga fila que permanecían en silencio —interrumpido por aplausos— para escuchar las instrucciones en español después de un día entero acampando bajo el intenso sol y sobre la tierra roja de Ciudad del Este, en la frontera con Brasil.
Era la noche del penúltimo domingo de marzo. En tan solo 12 horas, el grupo de trabajo móvil del gobierno paraguayo comenzaría a agilizar la emisión de documentos para quienes deseaban mudarse al país.
Sin embargo, la fila ya casi daba la vuelta a la esquina, y a los brasileños aún les quedaban varias horas de soportar calor, lluvia y mosquitos para garantizar el servicio al día siguiente.
“Vinimos a ver todo lo que Paraguay tiene para ofrecer a los brasileños”, expresó Delly Fragola, de 55 años, sonriendo mientras estaba sentada en una colorida silla de playa que había comprado para sobrellevar la espera.
Dueña de una peluquería en Anápolis, en el interior del estado de Goiás, había llegado a las 8 de la mañana con su hija y su yerno.
Estaban allí porque “Brasil ya no ofrece oportunidades” para su negocio. En Paraguay, le dijeron, podrían encontrar “mano de obra más fácil”.
“En Brasil nadie quiere trabajar”.

Un poco más atrás, el empresario Dilberto Wegrnen, de 63 años y oriundo de Cascavel, en el interior del estado de Paraná, tomaba una cerveza mientras esperaba asar las carnes en una parrilla improvisada que sus nuevos amigos habían organizado sobre un tonel.
Dilberto estaba allí porque cree que “Paraguay será el país más grande de Latinoamérica muy pronto” y también porque tiene muchas críticas contra el gobierno de Lula.
“Los empresarios se están yendo de Brasil para venir a Paraguay. Aquí, la carga impositiva es mucho menor y las leyes laborales son mucho más accesibles. ¿A qué lleva todo esto? A esta enorme fila que hay hoy”, explicó el paranaense.
El grupo forma parte de una creciente ola de brasileños que quieren mudarse a Paraguay, lo que ha llamado la atención de las autoridades de ese país, que desde el año pasado han estado promoviendo campañas conjuntas para coordinar la demanda y asistir a los que aspiran a la residencia.
La principal puerta de entrada es Ciudad del Este, famosa por sus tiendas baratas y su comercio caótico al otro lado del Puente de la Amistad. La campaña conjunta de marzo fue la segunda del año en la ciudad, con un total de aproximadamente 4.000 servicios prestados solo allí, y el gobierno paraguayo planea realizar 19 más a lo largo del año en todo el país.
En 2025, Paraguay batió un récord al otorgar 40.600 permisos de residencia a extranjeros. Más de la mitad (23.500) eran brasileños, una cifra muy superior a la de los argentinos, que ocuparon el segundo lugar (4.300).
Para 2026, se espera que la cifra sea aún mayor. Solo en los primeros tres meses del año, se emitieron 9.200 permisos a brasileños.
La última estimación del gobierno brasileño, de 2023, indica que 263.000 brasileños vivían en Paraguay, conformando la tercera comunidad más grande en el extranjero, después de Estados Unidos y Portugal.

BBC News Brasil siguió durante tres días la fila para la campaña conjunta de inmigración. Todos con los que habló el reportero dijeron estar allí motivados por sus posturas políticas y la búsqueda de una vida más cómoda con impuestos más bajos.
Son personas de todas las regiones de Brasil, que generalmente comienzan a soñar con vivir en Paraguay navegando por las redes sociales.
Los videos que proliferan suelen enumerar las “ventajas económicas” de mudarse al país, reforzando la baja carga impositiva de Paraguay y el predominio de gobiernos de derecha en su historia.
Principalmente son publicados por influenciadores brasileños que viven o compran en Paraguay. Muchos ofrecen servicios de asesoría para quienes desean seguir el mismo camino.
Así fue como Marcelo Mendes, un arquitecto jubilado de 70 años de Recife, abandonó su plan de mudarse a Portugal, donde vive su hija.
“En internet, nos enteramos en varios grupos. Vimos videos de personas que venían explicando su situación, cómo obtener los documentos”, explica.
Su plan ahora es vender su casa en la capital del estado de Pernambuco y comprar otra en la ciudad de Encarnación, a cuatro horas en automóvil al sur de Ciudad del Este, en la frontera con Argentina. Pero primero necesita convencer a su esposa, quien incluso viajó a Paraguay, pero aún no está dispuesta a mudarse allí.
“Ya no soportamos Brasil, nuestros salarios están perdiendo valor. Lo que gano en reales tampoco me alcanza para vivir en Portugal. Aquí puedo vivir bien”, dice Marcelo, quien piensa complementar sus ingresos trabajando como agente inmobiliario.

El perfil cambiante de los migrantes
Zena Cheraze, una mujer de 68 años de Río de Janeiro, viajó sola 1.500 km en autobús desde Río de Janeiro hasta Ciudad del Este “a ciegas”, sin saber con certeza si tenía toda la documentación necesaria.
“Hay mucha publicidad en YouTube, cada uno dice algo diferente. Pero vine aquí para comprobarlo”, explica. Una maestra jubilada y viuda, espera poder costearse un seguro médico más económico en Paraguay.
Desde las 3 de la madrugada, haciendo fila en la oficina de inmigración, Zena grabó un video para contarles a sus amigos que, de hecho, no estaba sola: había muchísimas personas como ella esperando la aprobación de Paraguay.
“Nosotros, los de derecha, nos sentimos como el pueblo más oprimido. No tenemos libertad”, explicó la jubilada a BBC News Brasil sobre su experiencia. “Es un gobierno que solo nos perjudica”.
Un gran número de brasileños con el mismo perfil que Zena han sido identificados por las autoridades de inmigración.

Cornelio Melgarejo, director de inmigración del departamento de Alto Paraná, en la frontera con Brasil, estima que hace dos años, 80% de los solicitantes de residencia eran estudiantes de medicina en busca de universidades con matrículas más económicas que en Brasil.
Sin embargo, recientemente han aparecido muchos emprendedores que desean abrir negocios en el país y jubilados, “en busca de estabilidad económica y política”, afirma Melgarejo.
En común, comparten la visión de que la vida en Paraguay hoy se ajusta mejor a sus posiciones ideológicas.
El actual presidente paraguayo, Santiago Peña, es el noveno gobernante de derecha entre los diez que han dirigido el país desde la redemocratización, tras el fin de la dictadura del general Alfredo Stroessner en 1989.
Fue su gobierno el que creó los colectivos de trabajo para la migración, denominados Migramóvil. Creada en 2025, esta iniciativa reúne en un mismo lugar a organismos como la Dirección Nacional de Migración y la Policía Nacional, que pueden brindar garantías de que el inmigrante no tenga problemas con la justicia.
El gobierno busca activamente capitalizar esta nueva ola migratoria. La llegada de inmigrantes a Paraguay se presenta como un indicador del buen momento del país; uno de los materiales promocionales oficiales sobre el tema afirma que “Paraguay abre sus puertas al mundo”.
Se considera que los extranjeros son responsables de dinamizar la economía local, mientras que el gobierno modifica las leyes y ofrece aún más incentivos fiscales para atraer inversiones y empresas.

En línea con el gobierno de Donald Trump, Peña firmó en marzo un polémico acuerdo que autorizaba la presencia de personal militar y empresas estadounidenses en el país para combatir el crimen organizado.
“El 99% de los que vienen son de derecha”, afirma Roberta Viegas, oriunda de Río de Janeiro, quien lleva un año viviendo en Paraguay y organiza reuniones entre empresarios como ella, además de ofrecer asesoría a quienes estén interesados en mudarse
Antes del traslado, Roberta, de 47 años, estaba especialmente preocupada por la educación de sus cuatro hijos en Río de Janeiro, sobre todo por la de su hijo de 14 años, a pesar de que asistía a una escuela privada cristiana.
“No nos sentíamos cómodos en Brasil con la situación actual por mis creencias”, explica Roberta, quien inicialmente planeaba ir a Australia, pero cambió de planes y se mudó a Paraguay después de que una amiga se instalara allí.
La familia, explica Roberta, tampoco veía futuro en el negocio de seguros de salud que tenían en Río y se sentía amenazada por la violencia urbana en la ciudad.
¿No hay un dicho que dice: “Si algo te molesta, múdate”? Le dije a mi marido: “No tiene sentido que nos quedemos aquí y estemos resentidos. Vámonos a otro lugar donde nos sintamos bien para criar a nuestros hijos”.

Impuestos bajos y maquilas de marcas brasileñas
Quienes solicitan la residencia en Paraguay son interrogados por funcionarios gubernamentales sobre sus motivos para migrar.
“Las respuestas más frecuentes se refieren al costo de nuestros impuestos”, afirma Cornelio Melgarejo, del servicio de inmigración paraguayo.
La carga tributaria total en Paraguay, es decir, la tasa de impuestos recaudados por el gobierno en relación con la economía, ronda el 14,5% del PIB, según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). En Brasil, la tasa es más del doble, alcanzando 32%, según el Ministerio de Hacienda.

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