La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) ya superó los 8,000 casos confirmados, mientras las autoridades enfrentan problemas para mantener suficiente personal sanitario y sostener las labores necesarias para frenar la propagación del virus.
Hasta el 26 de septiembre, el país acumulaba 8,067 casos confirmados y 3,901 muertes, según los datos del Ministerio de Salud citados en la actualización del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC). Los contagios se han registrado en 63 zonas sanitarias de siete de las 26 provincias del país.
La cifra representa una letalidad cercana al 48%, un indicador que refleja la gravedad del brote y las dificultades para detectar a los pacientes y ofrecerles atención médica de manera oportuna.
Ituri concentra la mayor parte de los casos
La provincia de Ituri continúa siendo el principal foco de la epidemia, con 6,155 casos y 2,834 muertes registrados en 28 de sus 36 zonas sanitarias.
En Kivu del Norte, las autoridades contabilizan otros 1,523 casos y 906 fallecimientos, distribuidos en 16 de sus 34 zonas sanitarias.
Aunque algunas regiones han mostrado señales de mejoría durante las últimas semanas, con una reducción de los casos confirmados en lugares como Ituri y Haut-Uele, el virus continúa apareciendo en otras áreas y ha ampliado su presencia geográfica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el elevado número de muertes sigue mostrando las dificultades para identificar rápidamente a los enfermos y garantizar que reciban tratamiento a tiempo.
La falta de trabajadores complica la respuesta
Uno de los principales problemas para contener la epidemia es la presión que enfrenta el personal sanitario, que ha denunciado retrasos y falta de pagos durante las últimas semanas.
Las dificultades laborales han provocado protestas y huelgas de trabajadores de la salud, afectando actividades esenciales como la vigilancia epidemiológica, la atención de pacientes, la búsqueda de nuevos casos y el seguimiento de personas que tuvieron contacto con infectados.
La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC) han insistido en la necesidad de garantizar que los trabajadores que permanecen en primera línea tengan equipos, protección, apoyo y pagos oportunos.
El problema también tiene una dimensión de seguridad para los propios trabajadores. Desde el inicio del brote, 112 trabajadores sanitarios se han contagiado, según datos reportados por Africa CDC en julio, mientras 35 habían muerto para ese momento. Otra actualización citada en los reportes sobre la epidemia eleva a 50 el número de trabajadores sanitarios fallecidos.
Conflicto y desplazamientos dificultan el control del virus
La crisis sanitaria se desarrolla en medio de condiciones que dificultan la respuesta de las autoridades. La inseguridad, el conflicto, los desplazamientos de población y el acceso limitado a servicios básicos complican el trabajo de los equipos médicos.
Estos factores dificultan la identificación de personas contagiadas, el rastreo de sus contactos y la atención temprana de quienes presentan síntomas.
Los movimientos constantes de población también aumentan el desafío para las autoridades, ya que pueden facilitar que el virus llegue a nuevas zonas antes de que los equipos sanitarios logren detectar y aislar los casos.
El brote avanza a un ritmo preocupante
Africa CDC ha advertido que la velocidad de propagación del brote actual ya supera la registrada durante las primeras etapas del brote regional de África Occidental de 2014 a 2016.
Durante la semana 19 de aquella epidemia se habían contabilizado 3,781 casos, mientras que el brote actual llegó a 7,840 casos en un periodo comparable.
La comparación ha encendido las alertas porque la epidemia de África Occidental se prolongó durante aproximadamente dos años y provocó alrededor de 11,000 muertes.
El ritmo de expansión registrado en el Congo coloca al actual brote ante la posibilidad de superar las dimensiones de aquella crisis regional, aunque la evolución dependerá de la capacidad de las autoridades para reforzar la vigilancia y contener los nuevos contagios.
Un brote que comenzó en mayo
La República Democrática del Congo declaró el 15 de mayo el brote provocado por el virus de Bundibugyo, una especie del género Ebolavirus para la que, según la información proporcionada, no se disponía de un tratamiento o vacuna específicos conocidos.
Desde entonces, los equipos sanitarios han enfrentado dificultades para mantener las operaciones de respuesta en todas las zonas afectadas, particularmente en regiones donde la inseguridad y los desplazamientos dificultan el acceso.
La combinación de más de 8,000 casos confirmados, casi 3,900 muertes, falta de personal sanitario, problemas de pago y expansión hacia nuevas zonas mantiene bajo presión al sistema de salud congoleño.
Mientras algunas áreas muestran señales de contención, las autoridades y organismos internacionales mantienen la vigilancia ante la posibilidad de que el virus continúe extendiéndose a otras comunidades.

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