“Esos niños también son mis niños”, le dijo Mahreen Chowdhury a su marido mientras estaba agonizando en el hospital.
Unas horas antes, la maestra de escuela estaba a la entrada de la Milestone School and College de Dhaka, la capital de Bangladesh, preparándose para entregar a los alumnos de segundo a quinto grado a sus padres.
Pero lo que había sido un almuerzo de lunes sin trascendencia se convirtió en horror en una fracción de segundo.
Un caza de las Fuerzas Aéreas de Bangladesh se estrelló contra un edificio de dos plantas y estalló en llamas.
Chowdhury, al darse cuenta de que aún había alumnos en las aulas del edificio, volvió a entrar corriendo a los escombros llameantes.
El esposo de Chowdhury, Mansur Helal, recuerda lo que ella le dijo momentos antes de que la conectaran a un respirador artificial en la unidad de cuidados intensivos del Instituto Nacional de Quemados de Daca.
“Hice todo lo que pude para sacar a unas 20 o 25 personas, todo lo que pude. No sé qué pasó después”, dijo ella.
Chowdhury murió más tarde ese lunes: en el proceso de rescatar a los niños, había sufrido quemaduras en casi el 100% de su cuerpo.
Es una de las 31 víctimas mortales del accidente, de las cuales 25 son niños.
La tragedia


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