Tegucigalpa – El silencio se apoderó de la sala donde se llevaron a cabo las audiencias. No hubo preguntas, no hubo interrupciones. Solo lágrimas. El testimonio de la fiscal del Ministerio Público, Jessica Ninoska Matute, estremeció a la Comisión Especial del Congreso Nacional que investiga al suspendido fiscal general Johel Zelaya, al relatar cómo una decisión administrativa terminó —según su denuncia— en la muerte de su esposo.
-Este caso expone una tragedia humana en el Ministerio Público, por supuesto abuso de autoridad del fiscal Zelaya.
Con la voz quebrada y visiblemente afectada, Matute narró una historia que trascendió lo legal y se convirtió en un drama humano marcado por el dolor, la impotencia y el duelo que según palabras de la fiscal se lleva en el alma.
Una pregunta que cambió todo
Su esposo, Santiago René Moncada Sauceda, dedicó 24 años de su vida al Ministerio Público. Era fiscal de carrera, asignado a la unidad de extorsión del crimen organizado y reconocido, según su esposa, por su compromiso y trayectoria.
Todo cambió en enero de 2023. Durante una reunión convocada por Johel Zelaya, Moncada tomó la palabra y formuló una pregunta que, según el testimonio, incomodó al entonces recién nombrado fiscal general: Santiago se atrevió y cuestionó la legalidad de su elección con apenas nueve votos en el Congreso Nacional.
Tres días después, fue trasladado a La Mosquitia. “Fue por esa pregunta”, aseguró Matute.
Traslado, enfermedad y abandono
El traslado al departamento de Gracias a Dios marcó el inicio del deterioro. Pese a interponer recursos legales para revertir la decisión, estos fueron rechazados bajo el argumento de que la autoridad tenía potestad para reubicarlo, relató la testigo.
Lejos de su hogar, enfrentando una alta carga laboral y condiciones adversas, su salud comenzó a quebrarse.
Matute relató que mientras hacía gestiones para pedir su traslado otra vez a Tegucigalpa su esposo sufrió una caída que le provocó una fractura en el rostro, fue hospitalizado en el Instituto Hondureño de Seguridad Social, meses después su salud siguió en deterioro y posteriormente diagnosticado con deterioro cognitivo.
“Estaba enfermo, necesitaba atención… Pedimos que lo trajeran de regreso, pero nunca obtuvimos respuesta”, expresó entre lágrimas la también fiscal del Ministerio Público.
Una familia rota
Ante la falta de apoyo institucional, la familia tuvo que asumir los costos, para poder acompañar al fiscal allá en la lejana Mosquitia. Su hija, de 27 años, viajó a La Mosquitia para cuidar a su padre, mientras Matute intentaba gestionar su retorno a Tegucigalpa.
“Nosotros tuvimos que pagar todo… no había recursos, no había ayuda”, denunció. A pesar de su estado, Moncada continuó trabajando.
“Dios le daba fuerzas, pero ya no estaba bien”, dijo, con su voz cortada.
El desenlace fatal
El 5 de febrero, del presente año, aprovechando unos días compensatorios, el fiscal de carrera regresó a Tegucigalpa. Ese día salió solo a una cita médica. Nunca volvió, porque fue atropellado por un vehículo y murió en el acto, dijo la desconsolada viuda.
Para Matute, la tragedia tiene responsables. “Mi esposo no recibió atención médica por culpa del fiscal general. Lo digo con dolor en mi alma”, afirmó ante los diputados.
Silencio en la comisión
El impacto de su relato fue tal que los miembros de la comisión no formularon preguntas. El testimonio cargado de emoción y gravedad bastó.
Más allá de los argumentos legales en el proceso contra Johel Zelaya, la historia de la familia Moncada Matute puso rostro humano a una crisis institucional que ahora se mide también en pérdidas irreparables.

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