La vida cotidiana no es fácil para Salvatore. A sus 17 años, pesa 170 kilos y tiene dificultades para caminar.
Por ejemplo, no puede hacer cosas tan sencillas como atarse los cordones.
Salvatore forma parte de un número creciente de niños y adolescentes italianos que padecen obesidad.
El problema es especialmente grave en el sur: en algunas zonas de la región de Campania, más del 40% de los niños de 8 y 9 años tienen sobrepeso.
La localidad de Ponticelli, en las afueras de Nápoles, se ha ganado la poco envidiable reputación de ser una de las capitales mundiales de la obesidad infantil.
Precisamente el sur de Italia es una de las zonas con mayores dificultades económicas de la región y destaca por tener los índices de personas y familias en riesgo de pobreza más altos de Europa continental.
Por ejemplo, en Campania es del 35,5%, en Sicilia del 35,3% y en Calabria del 37,2%, según datos de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea.
Italia fue durante mucho tiempo considerada la cuna espiritual de la dieta mediterránea.
Sin embargo, hoy en día, los niños italianos se encuentran entre los que presentan mayores índices de sobrepeso de Europa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Salvatore aguarda una cirugía que cambiará su vida en el Hospital Betania de Ponticelli, donde la doctora Sonja Chiappetta lleva 15 años tratando a pacientes con obesidad grave.
Hasta hace poco, comenta, la mayoría de sus pacientes rondaba los 50 años. “Ahora veo a pacientes adolescentes, algunos de tan solo 16 años. Cada vez son más jóvenes, y eso resulta alarmante”.

La intervención que ella realiza consiste en extirpar hasta el 90% del estómago, lo que impide a los pacientes ingerir grandes cantidades de comida. La demanda de este procedimiento ha aumentado considerablemente en esta zona de Italia.
Sin embargo, a Salvatore le han comunicado que no puede someterse a la operación. Su peso es tan excesivo que la cirugía entraña demasiados riesgos.
En su lugar, la doctora Chiappetta le ha recetado una inyección de GLP-1 para reducir su apetito y ayudarle a perder el peso necesario para poder operarse.
Referente de dieta saludable
Durante décadas, Italia fue considerada un modelo de alimentación saludable.
La dieta mediterránea —rica en verduras, legumbres, aceite de oliva, cereales integrales y pescado— se hizo famosa después de que el fisiólogo estadounidense Ancel Keys y su esposa, la bioquímica Margaret Keys, estudiaran comunidades del sur de Italia en la década de 1950 y vincularan sus hábitos con tasas notablemente bajas de enfermedades cardíacas.
Su investigación transformó un estilo de alimentación regional en una de las dietas más conocidas del mundo: un referente de vida saludable.
Sin embargo, la Italia que inspiró aquellos estudios ya no existe.
“La dieta mediterránea tradicional se ha perdido”, afirma el doctor Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California. “Solo el 10% de los italianos la sigue realmente”.
Longo resume la dieta italiana moderna con lo que él denomina las “cinco P”: pizza, pasta, papas, proteínas y pan.

La transformación es visible en todas partes: desde los estantes de los supermercados repletos de alimentos ultraprocesados hasta las pizzerías que venden porciones cargadas de patatas fritas, salchichas y aperitivos fritos.
El doctor Roberto Berni Canani, pediatra y especialista en obesidad de la Universidad Federico II de Nápoles, observa las consecuencias a diario.
“He atendido a niños de apenas 2 o 3 años que ya pesan 25 kilos”, afirma.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el peso estándar de un niño de esa edad debe rondar entre los 12 y los 17 kilos.
Señala Berni Canani que la mayoría de los padres no perciben que sus hijos tengan sobrepeso.
“Acuden a la consulta por otros problemas: tos, dolor de estómago o diarrea. No se dan cuenta de que la causa es el peso del niño”.
La importancia del entorno
Francesca, de 10 años, tiene una tos persistente y dificultades para tragar. Los médicos sospechan que padece una afección inflamatoria del esófago.
Pesa 60 kilos -para su edad, la OMS estima un peso de entre 31 y 35 kilos-, pero ese no es el motivo por el que sus padres han buscado ayuda médica.
La niña cuenta que desayuna pan con Nutella, toma un bizcocho relleno de chocolate como tentempié, come pasta con lentejas y suele cenar pollo.
“Pero no come verduras. Se las pongo delante, pero no las prueba”, interviene su madre, Carmen.
Sus padres cuentan que es una niña activa: practica gimnasia artística y bailes latinos, y no se cansa. Nunca han considerado que su peso sea un problema.

El doctor Berni Canani tiene otro razonamiento.
El problema, explica, radica en el patrón general más que en una comida concreta: el consumo a lo largo del día de alimentos pequeños pero muy calóricos y de bebidas azucaradas, la ingesta insuficiente de frutas y verduras, y la falta de conciencia sobre cómo estos hábitos se acumulan con el tiempo.
“Son una madre y un padre excelentes. Pero no perciben la importancia de la calidad de la dieta y del peso corporal”, sostiene.
Para cuando muchas familias acuden a su consulta, los hábitos poco saludables ya están profundamente arraigados; comienzan en casa y se ven reforzados en la escuela.
Además, en Italia, fomentar que los niños sean más activos puede resultar sorprendentemente difícil.
Muchas escuelas se ubican en hermosos palacios antiguos que nunca fueron diseñados pensando en la educación física moderna.

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