¡No tenemos luz! ¡no tenemos ni una gota de agua!, son dos frases, que cada vez se hacen más coloquiales entre los catrachos, que viven con desesperanza y gran preocupación dos grandes crisis que azotan el país: la falta de agua y la falta de un buen servicio de energía eléctrica.
– Cambio climático, falta de inversión e infraestructura insuficiente profundizan dos emergencias -agua y energía- que exigen soluciones estructurales y políticas de Estado.
– Honduras es un país que continúa reaccionando ante las crisis cuando lo urgente ya se convirtió en permanente.
Estas dos crisis ya no pueden tratarse como emergencias aisladas. Los efectos del cambio climático y este en particular el fenómeno de El Niño las ha agudizado, pero detrás de ambas existen problemas estructurales de infraestructura, inversión, planificación y adaptación al cambio climático y falta de voluntad política.
Hoy, mientras miles de hondureños buscan agua con baldes y esperan semanas para que llegue el servicio, otros enfrentan apagones que paralizan hogares, comercios, industrias y actividades productivas
La emergencia por sequía alcanza una dimensión nacional
Copeco mantiene 103 municipios en Alerta Roja, 82 en Amarilla y 48 en Verde, por tiempo indefinido. En Francisco Morazán, 23 de sus 28 municipios están en Alerta Roja, mientras Choluteca tiene el 100 % de sus municipios bajo esa condición.
Los mismos datos de Copeco indican que el déficit acumulado de precipitaciones oscila entre 100 y 200 milímetros, mientras las temperaturas han aumentado hasta un grado Celsius, que presionan las fuentes de agua para consumo humano y animal.

La realidad se siente en los hogares: comunidades que pasan hasta 15 o 20 días sin recibir agua y productores que han perdido sus cosechas y animales.
Tegucigalpa en sequía extrema
Cuanto falta para que la capital llegue a un punto crítico de sequía consultó Proceso Digital al coordinador del Programa de Adaptación al Cambio Climático de la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), Julio Quiñonez, quien respondió “estamos en un escenario crítico”, los porcentajes actuales en los embalses están muy cerca del punto en que no se podrá usar”.
El índice de sequía que monitorea la municipalidad se ubica actualmente en 1.95, dentro de la categoría de sequía severa y muy cerca del nivel 2, considerado extremo, compartió el experto.
La advertencia de Julio Quiñónez, director del Sistema Municipal de Gestión de Riesgo de la AMDC, es clara: si las lluvias no aumentan antes de finalizar agosto, los embalses podrían caer a entre 15 % y 20 % de su capacidad útil.
Llegado ese punto, la extracción y el tratamiento del agua, tanto de la represa Los Laureles como de La Concepción, se vuelven más difíciles porque aumentan la concentración de sedimentos, lodo y otros materiales.



La ciudad atraviesa una situación descrita como crítica e histórica, comparable con la crisis de los años noventa, pero bajo condiciones mucho más complejas, adicionó.
La diferencia con la crisis de los años noventa es contundente: entonces había aproximadamente un millón de habitantes menos. Hoy la población de la capital es de dos millones y el sistema continúa dependiendo esencialmente de las mismas obras de almacenamiento.
El gerente de la Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS), Gustavo Boquín, resume el problema de fondo: Tegucigalpa carece de infraestructura suficiente para captar, almacenar y distribuir el agua que necesita.
Paradójicamente, en las cuencas de la capital llueve unas 17 veces más agua de la que la ciudad requiere anualmente, pero entre 40 % y 45 % del agua que ingresa al sistema se pierde por el deterioro de las redes de distribución.
Es decir, el problema no es únicamente que llueva poco; también es que Honduras pierde una parte enorme del agua que logra captar. A ello se suman la deforestación, la destrucción de las cuencas, la expansión urbana y la falta de nuevas obras de almacenamiento.
Ante los severos racionamientos actualmente de nueve días que inminentemente pasará a 12 en los próximos días como lo han advertido las autoridades, la respuesta inmediata ha sido aumentar la distribución mediante camiones cisterna, especialmente en colonias con mayores dificultades. Y por otro lado la perforación de pozos con los que se tiene la esperanza de suplir en algún grado la gran necesidad. Pero las cisternas y los pozos son una respuesta de emergencia. No sustituyen una política nacional de agua.

Problema del DC se reedita a lo largo y ancho del país
Para citar algunos ejemplos Marcovia, Choluteca, reporta una crisis de agua de grandes proporciones rural y urbana donde el servicio llega cada 15 días.
Siempre en el sur del país, Nacaome, es otra ciudad donde la disponibilidad de agua para consumo humano se ha vuelto crítica, con racionamientos severos.
Choluteca y San Lorenzo, también están en las mismas condiciones sufren por el impacto directo de la sequía prolongada en el abastecimiento de agua potable.
En la zona central varios municipios de Comayagua y la misma cabecera departamental sufren el déficit de fuentes hídricas y están expuestos a grandes racionamientos que dejan las llaves de los hogares sin una gota de agua.
En el oriente del país varias ciudades de los departamentos de El Paraíso y Olancho reportan la crisis de agua y la población ha vuelto a los viejos tiempos de buscar el agua de fuentes naturales con baldes en la cabeza.
Talanga y Valle de Ángeles, Sabanagrande, en Francisco Morazán, también reportan serios problemas de abastecimiento local. El occidente del país no es la excepción y son muchos los términos municipales que no tiene acceso a agua potable.
En San Antonio de Flores, El Paraíso, se reportó la pérdida del 100 % de los cultivos de maíz y frijol, además de entre 100 y 120 reses muertas. En Namasigüe, Choluteca, se advierten pérdidas totales de las siembras de primera.

La sequía también deja sin comida
El impacto ya llegó al campo. Unos 2.2 millones de hondureños están en riesgo de seguridad alimentaria, según datos citados de la OBSAN-UNAH.
La pérdida de cultivos significa menos alimentos, menos ingresos para los productores y mayor presión sobre los precios. Por eso, expertos en economía consideran que la ejecución presupuestaria debe concentrarse en programas de emergencia y recuperación productiva.
El economista Mario Sosa en entrevista con Proceso Digital advierte que Honduras debe asumir que el cambio climático llegó para quedarse y construir una estrategia de resiliencia. El problema, señala, es que el país conoce los efectos como los del fenómeno de El Niño, pero no ha hecho lo suficiente para amortiguarlos. Y tanto los problemas de falta de agua como los de los altos costos de la energía repercuten en el bolsillo de los hondureños que deben sacar más para hacer frente a las necesidades.
La otra crisis: la electricidad
Mientras unas familias esperan agua, otras esperan que vuelva la energía.
Los apagones afectan a Tegucigalpa, San Pedro Sula, Choloma, El Progreso, La Ceiba, Comayagua, Choluteca, Olancho, Valle y Santa Bárbara, con mayor frecuencia lo que no significa que el resto del país no sufra los conocidos racionamientos y los altos costos de la factura.
Las fallas obedecen a mantenimientos, averías, sobrecargas y una red que enfrenta pérdidas técnicas y no técnicas cercanas al 38 %.
El experto de ASJ, Edgar Aguilar, consultado por Proceso Digital, advirtió que un usuario hondureño puede acumular hasta una semana sin energía al año, frente a unas ocho horas en El Salvador y 11 en Guatemala.

Y el problema ya no puede reducirse al déficit financiero de la ENEE. Porque de todos es sabido que la estatal es un problema de país que drena las finanzas. Aguilar estima que, si no se modifica el modelo, la deuda de la empresa podría pasar de L.124,000 millones a L.240,000 millones en diez años, mientras las transferencias públicas podrían alcanzar L.21,000 millones anuales.
Es dinero que sale del Estado sin resolver de fondo la calidad del servicio, mientras la esperanza de mejorar con las reformas al subsector eléctrico y un plan nacional de recuperación de la ENEE, siguen a la espera.
La energía también expulsa empresas
El impacto llega directamente al sector productivo. Mario Sosa señala que la tarifa eléctrica ya supera, en algunas empresas, el costo de la planilla. Los ajustes tarifarios cada tres meses aumentan la presión y, cuando el costo de la electricidad supera la capacidad de pago, la pequeña empresa termina cerrando.
En distintas ocasiones este medio ha hablado con la directora ejecutiva de la Cámara de Comercio e Industrias de Choloma (CCICH), Alejandra Mejía, y la advertencia es la misma que los apagones han obligado a empresas con mayor capacidad a comprar plantas eléctricas, mientras los pequeños negocios no pueden asumir ese gasto, por lo que solo les queda cerrar operaciones.
El registro empresarial habría pasado de unos 8,500 negocios en 2020 a alrededor de 3,500 en actualizaciones recientes, entre cierres y traslado a la informalidad.

Dos crisis, un mismo problema
Los técnicos consultados no tienen duda que agua y energía tienen un elemento común: Honduras ha reaccionado durante años a las emergencias sin resolver las causas estructurales.
El Gobierno ha declarado emergencias, entregado ayuda humanitaria, adelantado transferencias a las alcaldías, gestionado cooperación internacional y comenzó a distribuir 126 máquinas a 81 municipalidades, entre ellas equipos que pueden utilizarse para perforar pozos.
Lo mismo han hecho gobiernos anteriores en su momento paliativos. Son medidas necesarias, pero el reto es que esas medidas de emergencia se conviertan en verdaderas políticas de Estado
La sequía exige inversión en cuencas, almacenamiento, redes y producción agrícola. La crisis eléctrica demanda reducción de pérdidas, modernización de redes, inversión y reformas estructurales al subsector eléctrico.
El cambio climático hará más frecuentes los períodos extremos y Honduras, al ser un país altamente vulnerable ya no puede darse el lujo de esperar la próxima sequía para buscar agua, ni un colapso en la red para buscar soluciones a la ENEE, porque un país sin agua y sin energía no es atractivo para la inversión.

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