Eliana Yaynes e Iván Venencio se conocieron una mañana en un programa de radio. “¿Vos venís por el tema de la deuda?”, le preguntó ella con total naturalidad. “Sí”, respondió él, como si fuera lo más normal del mundo.
Y es que hoy, en Argentina, tener deudas es muy común. Tan común que -según cifras del Banco Central y de consultoras locales- más de 20 millones de ciudadanos están endeudados y aproximadamente 6 millones están en mora (aquellos que se han retrasado en el pago de sus deudas o simplemente ya no las pagan).
Eso significa, como concluyó la consultora Analytica, que uno de cada tres argentinos tiene problemas para cancelar la deuda que adquirió, sea con un banco, una billetera digital, una casa de electrodomésticos o un prestamista.
El 20 de agosto, el mismo día que Iván y Eliana fueron entrevistados, se realizó en Buenos Aires la primera marcha de ciudadanos endeudados que reclamaban mecanismos para refinanciar sus deudas y protestaban contra la decisión del gobierno de Javier Milei de no intervenir en esta crisis.
Funcionarios del gobierno argentino han definido esta situación como “un asunto entre privados”.
El presidente atribuyó la mayor cantidad de endeudados al auge en la compra de televisores por el Mundial de Fútbol e, incluso, llegó a preguntar en una entrevista con el medio La Nación+ si “les pusieron una pistola en la cabeza” a los deudores para endeudarse.
BBC Mundo se comunicó con Presidencia de la República Argentina para solicitar comentarios sobre estas palabras del mandatario, pero no obtuvo respuesta hasta el momento de la publicación de este artículo.
Eliana, quien celebró el triunfo de Milei hace dos años, dice ahora que le parece surreal escuchar este tipo de razonamientos.
“No pueden pensar que una lo hizo de capricho. Una suerte de ‘estaba aburrida y creí que lo mejor para mi vida iba a ser endeudarme’. Esa subestimación es tristísima y es degradante”, le dice a BBC Mundo desde Buenos Aires.
Ella y su marido están pagando cuatro préstamos. “No hice un cálculo fino pero, antes del cuarto préstamo, yo calculaba que debía unos 10 millones de pesos (US$6.620)”.

“Si vos no podés sanear las deudas y querés pagar, tenés que tomar crédito. El gobierno lo hace cuando va al FMI (Fondo Monterario Internacional), ¿por qué los de la micro(economía) no lo vamos a hacer?”, dice Iván, quien no votó por Milei ni por su rival peronista en la última elección.
Él y su mujer tienen hoy deudas con bancos y con familiares: “En las dos tarjetas con mi banco debo 10 millones de pesos en cada una. En las dos tarjetas de mi mujer en su banco se deben 8 millones (US$5.295) en una y 9 millones (US$5.957) en la otra”.
Una deuda “impagable”
Iván se acuerda perfectamente del día en que todo empezó a descontrolarse: el 9 de febrero de 2025.
Hasta ese momento, ambos trabajaban como asalariados y, además, él sumaba un segundo ingreso como conductor de automóvil para una aplicación.
Gracias a ese segundo ingreso podían permitirse, por ejemplo, las vacaciones que habían planificado en Brasil ese febrero. Pero al llegar al país vecino con su “familia ensamblada” -él con su hija y su mujer con su hijo- se enteró de que su suegro había muerto.
“Entonces sacamos pasajes para mi mujer y su hijo para que pudieran volver. Eso fue un gasto que no teníamos planificado y, obviamente, se ‘tarjeteó’. Luego mi mujer pierde un embarazo en marzo y, sumado a la pérdida de su padre, arranca con licencia psiquiátrica en su trabajo”, le cuenta a BBC Mundo desde la capital argentina.
En agosto de 2025 se incendió el auto con el que Iván sumaba un segundo ingreso. El seguro solo pagó la mitad y tuvo que endeudarse más para pagar la reparación. A eso hay que sumar que ese segundo ingreso era cada vez menor.
“Mucha gente en el país se fue quedando sin trabajo y empezó a trabajar con el auto. Para que te des una idea, yo cuando empecé en 2021 ganaba un 1,8 millones de pesos (US$1.191) manejando medio tiempo. Cuando pasaron los meses estaba facturando menos de un millón (US$660). Y el alquiler del departamento, la luz y el gas seguían aumentando”.
En noviembre, Iván entró en depresión. Después, tanto su mujer como él se quedaron sin trabajo. Ella ha logrado recientemente uno nuevo y él ahora maneja su auto entre 10 y 12 horas al día para poder pagar los gastos mínimos de la familia, pero no la deuda.
“Cuando empezás a mirar los intereses, es una cosa que se nos tornó totalmente impagable. Ya no intentamos negociar una refinanciación porque no la podemos pagar”.

El problema de los morosos
Para Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que elaboró un informe sobre el endeudamiento en el país sudamericano, el número de 20 millones de personas endeudadas no es el dato más preocupante.
“A ver, si voy a comer hoy a la noche y pago con la tarjeta, entre el momento de la cena y el momento en que pago estrictamente, estoy endeudado. Para mí el problema son los 6 millones de morosos, es decir, los que tienen 90 días de retraso en el pago de su deuda”.
Para colmo, añade, el 55% de los casi 6 millones -unos 3 millones y medio aproximadamente-, tiene deudas que, técnicamente, se consideran irrecuperables, como la que Iván considera impagable.
El otro factor a tener en cuenta es por qué la gente se endeuda. Si uno pide un crédito para comprar un teléfono móvil -señala Letcher- eso es positivo para la economía. Pero si el préstamo es para pagar la comida del día o los servicios básicos es lo opuesto.
“He hablado con varios presidentes de bancos que me confirman que, más o menos, el 90% del atraso en el pago de tarjetas de crédito son compras en supermercado, básicamente, alimentos”, señala.
En su opinión, la cifra tan alta de deudores morosos es consecuencia de la caída del ingreso de los hogares argentinos, que se ha compensado con endeudamiento.

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