o que comenzó como una ofensiva militar focalizada se ha transformado, en menos de tres semanas, en una pesadilla de dimensiones apocalípticas que amenaza con traspasar las fronteras del campo de batalla. La posibilidad de un accidente nuclear en Oriente Medio ha dejado de ser una teoría de pasillo para convertirse en la principal urgencia de los organismos internacionales, en un conflicto que ya arrastra a Estados Unidos, Israel e Irán hacia un abismo incierto.
A medida que se intensifican los ataques contra infraestructuras estratégicas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia que hiela la sangre: un incidente en las instalaciones atómicas no solo devastaría la región, sino que tendría consecuencias radioactivas a escala planetaria durante décadas. “El peor escenario es un incidente nuclear, y es lo que más nos preocupa”, afirmó Hanan Balkhy, directora regional de la OMS, señalando que ningún nivel de preparación puede mitigar totalmente un desastre de tal magnitud.
Un tablero de ajedrez bajo fuego atómico
La ofensiva lanzada el pasado 28 de febrero por las fuerzas de Estados Unidos e Israel ha golpeado directamente puntos neurálgicos en Irán, incluyendo los complejos de Fordow, Isfahán y Natanz.
Aunque hasta el momento no se han reportado fugas de radiación, el fantasma de Chernóbil recorre las cancillerías del mundo. La preocupación es doble: por un lado, el daño colateral de los bombardeos a centros de investigación; por otro, la retórica inflamatoria sobre el uso de ojivas nucleares que ya empieza a asomar en los círculos de inteligencia.

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