Expertos independientes en sismología han señalado que, con los datos disponibles públicamente, no es posible determinar con certeza si el evento fue una explosión nuclear o un fenómeno natural, lo que complica verificar la acusación sin acceso a información clasificada.
Por su parte, China ha rechazado rotundamente las acusaciones, calificándolas de “completamente infundadas” y advirtiendo que Estados Unidos está politizando el tema nuclear para justificar sus propios fines estratégicos.
Además, Rusia, tradicional aliado de Pekín en asuntos de seguridad internacional, declaró que ni su país ni China ha realizado pruebas nucleares recientes, y respaldó la posición china frente a las acusaciones de Washington.
Estados Unidos podría retomar pruebas nucleares
El funcionario estadounidense subrayó que el gobierno de Donald Trump podría considerar retomar las pruebas nucleares propias, suspendidas desde 1992, para no quedar en “una desventaja intolerable” frente a China y Rusia en términos de disuasión estratégica.
La última explosión nuclear probada por Estados Unidos fue hace más de tres décadas, mientras que China reconoce haber realizado su última prueba subterránea en 1996, aunque los supuestos eventos de 2020 no han sido confirmados oficialmente por Pekín ni por organismos internacionales.
Fin de acuerdos y nuevas incertidumbres
Este enfrentamiento ocurre justo después de que el tratado Nuevo START, el principal acuerdo bilateral que limitaba los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia, expirara en febrero de 2026, dejando sin un marco legal fuerte a las mayores potencias nucleares del mundo.
Trump y otros funcionarios han señalado la necesidad de un nuevo tratado de control de armas que incluya a China, pero Pekín ha rechazado sumarse a negociaciones, argumentando que su arsenal es mucho menor que el de Washington o Moscú y que debería no obstante respetarse el principio de reducciones verificables.
La acusación estadounidense y la falta de consenso internacional sobre la verificación de pruebas nucleares han reavivado el debate sobre el futuro del desarme nuclear y la estabilidad estratégica global. La falta de tratados efectivos y la posibilidad de que grandes potencias vuelvan a realizar pruebas nucleares plantea preocupaciones sobre una posible escalada de la carrera armamentista, con efectos en la seguridad global y en las políticas militares de países con comunidades hispanas en Estados Unidos que siguen de cerca estos desarrollos geopolíticos.
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