uando el canciller de Argentina, Luis María Drago, supo lo que estaba pasando en Venezuela, se alarmó.
Solo días antes, el 9 de diciembre de 1902, 15 unidades de la armada inglesa y alemana se unieron para atacar el puerto de La Guaira, tomaron seis embarcaciones venezolanas y se hicieron del control de los muelles.
Al día siguiente, dos naves alemanas se apoderaron de un buque venezolano, mientras que “los ingleses incorporaron otro, el Bolívar, a su flotilla obligándolo a navegar con bandera británica”, escribió el historiador Manuel Rodríguez Campos en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar.
El 12 y el 13 de diciembre, “una expedición inglesa tomó por asalto el castillo Libertador y el fortín Solano de Puerto Cabello”.
Un bloqueo a las costas venezolanas había sido declarado y buques de la armada italiana se unieron.
Días después, unidades alemanas “libraron un duelo de artillería con la guarnición del castillo San Carlos”.
“Todos estos actos de violencia se produjeron sin una previa declaración de guerra emitida por alguna de las partes y sin que mediaran ofensas venezolanas a los agresores”.
El canciller argentino no dudó en pronunciarse.
Un largo camino
Luis María Drago hizo un planteamiento que se transformó en lo que se conoce como la “Doctrina Drago”, uno de los primeros grandes pasos hacia la consolidación de los principios de no intervención y de prohibición del uso de la fuerza en el derecho internacional.
Su visión, unida a las ideas de otros juristas y expertos, despejó el camino para llegar hasta la Carta de las Naciones Unidas que, en 1945, prohibió el uso de la fuerza contra la “integridad territorial o la independencia de cualquier Estado”.

“Esa norma, que ancla las relaciones globales, tiene en cierta medida una influencia de Drago”, le dice a BBC Mundo Francisco Quintana, profesor asistente de Derecho Global en la Universidad de Edimburgo y editor asociado de la Revista Europea de Derecho Internacional.
Años antes, en 1933, su influencia se había evidenciado en un momento histórico, cuando, en Montevideo, se adoptó por primera vez en un tratado que decía que “ningún Estado tiene derecho de intervenir en los asuntos internos ni en los externos de otro”.
“Esa fue una conquista latinoamericana. Esa convención ha sido una gran fuente de orgullo latinoamericano”, señala Quintana.
“Una bola de nieve”
Para entender lo que sucedió en diciembre de 1902 en Venezuela, es clave remontarse varios años antes, a los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, le dice a BBC Mundo el historiador Rafael Arráiz Lucca.
Ese líder invitó a compañías europeas, entre ellas inglesas y alemanas, a construir ferrocarriles en su país.




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